Policias Municpales, ayer, en el rastrillo del Pozo - GUILLERMO NAVARRO

El patriarca sobre el crimen de Los Visita: «El culpable se entregará pronto y su familia se irá»

El polvorín del Pozo se apacigua tras una semana de altercados tras la cuchillada mortal de Paco

MadridActualizado:

El polvorín del Pozo del Tío Raimundo (Puente de Vallecas) se apacigua tras una semana de altercados derivados del crimen de Francisco Doctor, de 63 años, en la puerta de su casa cuando se interpuso para que uno de los miembros del clan de Los Visita no acuchillara al mayor de sus hijos. Él recibió el pinchazo en el cuello y su muerte desató la furia contenida de todo un barrio en contra del yugo al que les tenía sometida esa familia de etnia gitana, a decir de los afectados. Los sospechosos, D. C. A., alias «El Yaqui», y su hijo, J. C. B., «El Chule», se dieron a la fuga instantes después, tras asestar uno de ellos la puñalada mortal a Paco, como era conocida la víctima. Están en busca y captura.

Las casas marcadas de los sospechosos aparecieron ayer con más pintadas acusatorias«Hace días que se marcharon sus familiares. Eso era lo que queríamos», decía una vecina

«El sentido común es imprescindible; es el que debe imperar siempre. Poco a poco las aguas están volviendo a su cauce y cuando todo se tranquilice, los fugados se entregarán y la familia del culpable se irá». Así de convencido se mostró ayer Rafael Lozano, de 80 años, patriarca de las 136 familias de Entrevías. De porte distinguido y ademanes amables, mostraba su pesar por el asesinato y por el estallido vecinal contra el clan señalado.

Ayer, la preocupación por que la espita se abriera de nuevo en el mercadillo del Pozo, donde Los Visita tienen una decena de puestos de frutas y verduras, incluidos el padre y el hijo huidos, se quedó en nada. No faltó una discreta presencia de agentes de la Policía Municipal de uniforme y de paisano. Por si acaso.

La presión vecinal y el consejo de Rafael Lozano alejaron a los comerciantes de esa numerosa familia de allí. El espacio de sus puestos vacíos evidenciaban las ausencias. «Les he dicho que era mejor que hoy no vinieran», explicaba desde una loma, mientras observaba, agarrado a su cayado, el trajín de gente con bolsas y carros que iba y venía hacia el rastrillo o hacían cola en los puestos repletos de productos apetitosos y ropas vistosas.

La amenaza lanzada por los indignados residentes de no dejar vender a ningún gitano en general por no condenar el crimen ni apoyarles en sus movilizaciones diarias frente a las viviendas marcadas de los presuntos autores, «El Yaqui» y «El Chule» –situadas en los números 14 y 18 de Esteban Carros– no prosperó.

No se sabe si la mediación emprendida el viernes pasado por distintas entidades vecinales y por el concejal del distrito para rebajar la tensión y facilitar la marcha de las familias de los presuntos implicados ha dado sus frutos. Lo cierto es que las viviendas están vacías desde hace días y amanecieron ayer con más pintadas. «Cobardes» y «Mísera» eran algunas de ellas. Una ventana abierta y juguetes en el patio daban a entender una salida apresurada. «Ya se han ido. Es lo que queríamos», decía una señora.

El patriarca dio a entender que la reunión que según él, iban a mantener mañana en la Asamblea de Madrid con varias entidades, serviría para recobrar definitivamente la calma.

Aunque indicó que residía lejos de Los Visita, les defendió de las acusaciones de traficar con droga vertidas estos días. «Visitación, la matriarca de esta numerosa familia, puso firmes a sus hijos y les hizo unos hombres. Les levantaba temprano para trabajar», recalcaba.

Respecto a que habían impuesto su dictadura y su ley, en un ordeno y mando al que nadie se atrevía a rechistar, Lozano reconoció que algún problema ha podido haber a veces por el espacio para aparcar, por ejemplo...

En el portal de Paco una hilera de velas rojas, junto a las pintadas acusadoras de «asesinos» recordaban la tragedia inesperada que tuvo por escenario esa plaza, inusualmente desierta.