Parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria
Parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria - Óscar del Pozo

Parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria: una promesa levítica en el corazón de Argüelles

Su patriarca, Leopoldo Eijo y Garay, prometió construir el primer templo de Madrid tras acabar la Guerra Civil

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Levítico, según el diccionario normativo de la lengua, es «devoto de la Iglesia o de sus ministros». La parroquia del Santísimo Cristo de la Victoria (Blasco de Garay, 33) es una parroquia levítica. ¿Acaso no lo son todas? Depende. Ésta, al menos, lo es por razones varias. La devoción en primera persona; un templo hogar familiar, enhiesto surtidor de vida; sus sacerdotes, entrañables componedores de la historia de generaciones; corazón de un Argüelles que no se entendería sin la misa de los domingos y el vermut reconciliador del trabajo semanal.

Esta parroquia se construyó gracias a la generosidad, que lo es y mucha, de los fieles. Se levantó con los donativos puerta a puerta que su primer párroco conseguía. La Iglesia, trompeta de caridad, ese ángel que culmina el frontón partido de la fachada, de la escuela de Juan de Ávalos. Esta parroquia es la historia de un promesa episcopal y de una generación que hizo posible una Iglesia elocuente en la plaza pública, capaz de aglutinar en torno a sí una feligresía comprometida, un laicado maduro. Una parroquia en la que, aún hoy, la Acción Católica es uno de los goznes de su actividad.

Promesa levítica en los orígenes. El Patriarca, donLeopoldo Eijo y Garay, refugiado en Vigo, su tierra natal, durante la Guerra Civil hizo promesa de que, al finalizar la contienda, la primera parroquia en Madrid se titularía con el nombre del patrono de su ciudad. Erigida en 1941 se le encomendó a don José Alcocer Moneo. Comenzó su actividad en el Colegio La Salle San Rafael. Después se trasladó al Asilo de Convalecientes de las Hijas de la Caridad, ya demolido, donde hoy se levanta el complejo urbanístico de Aurrerá que alberga la Parroquia de San Ricardo. El proyecto del templo lo diseñó y realizó el arquitecto Ignacio Fiter.

El 28 de marzo de 1963, el santo obispo José María García Lahiguera consagró el templo. A don José Alcocer le sustituyó el llorado sacerdote don Alfonso Muñoz Bernal. Y a éste, el que fuera su vicario parroquial durante muchos años, don Jesús Revuelta. Ahora, desde el pasado mes de septiembre, al frente de la parroquia, el joven sacerdote Alfredo Jiménez Romero, con ideas claras y empuje sobrado. Le acompañan Pedro Domínguez Muñoz, como vicario parroquial, y les ayudan el profesor de la Universidad San Dámaso, Alfonso García Nuño; el juez del tribunal eclesiástico Eduardo Aranda y el sacerdote Sebastián Mba Ngema. Nota curiosa, las grandes lámparas de estilo visigótico del templo fueron diseñadas por el hoy obispo de Segovia, monseñor César Franco.

Una sala de rayos X

La vida de la parroquia se cimienta en la Caridad, que nace de la eucaristía. Prioridad, la aún no estrenada capilla del Santísimo. Los amplios bajos parroquiales albergan un centro de Cáritas. El Centro de atención de menores de la Vicaría, un servicio no solo a chavales con problemas, también a los padres. El ropero y la recogida de alimentos son dos de las acciones más significativas por el volumen de generosidad. Una caridad que marcó un hito en la historia cuando, nada más abrirse la parroquia, contaba, dentro de los servicios sociales y médicos, con una sala de rayos X.

La vida de la parroquia, que pasa por un cambio generacional en la natural reposición de la geografía humana, se palpa en el grupo de matrimonios, en las catequesis, en la necesidad de una pastoral de jóvenes. Hay que destacar la presencia de la Legión de María, de las Voluntarias de la Caridad de San Vicente Paúl. No en vano, en los límites de la parroquia han vivido, desde muy antiguo, las Hijas de la Caridad, ahora en la residencia de menores Vallehermoso; las Concepcionistas franciscanas; los Hermanos de las Escuelas cristianas, La Salle, con su colegio; y la Confraternidad sacerdotal de los sacerdotes Operarios, que en ese casa de la calle Vallehermoso nació una porción nada desdeñable de la historia del periodismo católico español.

Son famosos los cursos prematrimoniales que se imparten en esta parroquia y que se iniciaron gracias al agustino Padre Jesús Álvarez, recientemente fallecido, y a doña Carmen Álvarez, una feligresa que ha sido el «alma máter» de esta parroquia levítica que ha servido a la fe y a la conformación de una ciudadanía activa y madura, en un barrio entrañable, del Madrid que se ensancha.