Exterior de la parroquia de San Bonifacio
Exterior de la parroquia de San Bonifacio - Isabel Permuy

Parroquia de San Bonifacio: la casa de Dios en medio de las casas del barrio

El templo, lleno de jóvenes, es referencia en caridad en pleno distrito de Salamanca

MADRIDActualizado:

Levadura en la masa. Así define el párroco de San Bonifacio, Francisco Javier Cañestro, el rol de la parroquia. Bonifacio en medio de las calles de Bremen, Boston, Bruselas, Brasilia, Brescia, Basilea, Bayona, Burdeos, por eso de que los técnicos municipales se ve que estuvieron inspirados al jugar con una B que hace Europa peregrinando, como si fuera un monopoly de aciertos. Un párroco que dedicó no poco tiempo anterior a la pastoral juvenil en la diócesis, y que ahora está acompañado por los sacerdotes Ignacio Palacios y Ayna Desireé, de Camerún.

Una parroquia que tiene trazas de isla monástica en medio de las viviendas familiares de abuelos, padres, hijos, en una zona de un Madrid en calma. Esa tranquilidad que se percibe en la amplia finca ajardinada que custodia la iglesia, extremo de un barrio de Salamanca que se asoma a otro Madrid con menos poder adquisitivo. Un jardín bien cuidado que da mucho juego a las actividades parroquiales, con una imagen de la Virgen de Lourdes que protege al templo. La Iglesia que navega en medio de una historia y que va a cumplir el medio siglo, cincuenta años de presencia. Parroquia familiar, una vez más, porque eso es también la comunidad cristiana: familia, hogar, calor de vida, donde cada uno es tratado por lo que es, no por lo que demuestra que vale.

La parroquia de San Bonifacio es, por tanto, un punto de referencia en la zona. De caridad, la larga mano que se extiende a quienes buscan ayuda para encontrar trabajo, a quienes sufren lo que los sociólogos denominan «pobreza vergonzante», sobre todo en personas mayores a las que no les llega la pensión. Además del contenedor de ropa, que se distribuye entre quienes tienen esa necesidad primaria. Una parroquia con muchos niños y jóvenes, doscientos en la catequesis, una comunidad juvenil, la colaboración estrecha con el Colegio de los Hermanos de la Instrucción Cristiana, los Menesianos y el apoyo de las religiosas Esclavas de María y de las Franciscanas Misioneras del Divino Pastor. Culto sacramental amplio, con una adoración al Santísimo los jueves durante todo el día, seis misas dominicales que se llenan y la devoción a la Virgen de Fátima, que viene de antiguo y que ahora está siendo potenciada por los Heraldos del Evangelio, que no hace poco tiempo hicieron una misión por el barrio.

También hay que destacar la habitual procesión del Corpus Christi por la zona y la fiesta de San Bonifacio, el evangelizador de Alemania en su encuentro con los bárbaros, y de la Europa centro. San Bonifacio recibe un sentido tributo del los fieles de una parroquia inquieta. Los cursos prematrimoniales han tenido más de ochenta parejas catecúmenas el año pasado, período en el que la media de bautizos alcanzó el medio centenar.

Dentro del catálogo de actividades de esta comunidad hay que destacar también el taller de Manualidades, la Asociación de Mus, que se reúne en los locales parroquiales por eso de que también mezclando las cartas se puede dar gloria a Dios, y que participa en varias jornadas de mus solidario. El grupo de mayores, el de vida, oración y formación, y el que se encarga de la visita a los enfermos.

Ahora que llegan fechas de aniversarios para la parroquia, además de las salidas culturales, Francisco Cañestro tiene una serie de interesantes proyectos en la cartera, que pasan en primer lugar por la reforma de la estructura de los locales parroquiales y del templo, suelo, luces, un nuevo retablo donado por la generosidad de unos fieles. Y, también, la colaboración cada vez más estrecha en el trabajo con la parroquia de San Juan Evangelista, con la que conforma un especie de unidad pastoral en una zona en la que la presencia de la Iglesia conforta y alienta a una feligresía que está muy implicada con su iglesia, desde el primer momento en el que se erigió la parroquia. Allá cuando don Luis, el primer párroco, puso los cimientos. La casa de Dios en medio de las casas del barrio.