Parroquia San Andrés Apóstol, Villaverde Alto
Parroquia San Andrés Apóstol, Villaverde Alto - Guillermo Navarro
MADRID

Parroquia de San Andrés Apóstol: La religiosidad popular, la clave

El templo de Villaverde acoge a una población de contraste generacional y racial

MADRIDActualizado:

Debaten los pastoralistas si en la Iglesia cosmopolita y postmoderna del siglo XXI se está aplicando todavía un modelo de parroquia rural del XIX. No estaría demás que se dieran una vuelta por el corazón de Villaverde Alto, hoy popular barrio madrileño, anexionado en 1954 y antes perteneciente al partido Judicial de Getafe. Villa noble con título concedido por Felipe V en 1712. Cuenta la historia que el primer poblado lo fundaron algunos caballeros del ejército de Alfonso VI, monarca conquistador de Madrid y Toledo. Que vengan pues los expertos a visitar el templo de San Andrés Apóstol, calle Oxígeno 15-19, cuya factura originaria es del siglo XVI, de estilo neogótico originario y luego un añadido barroco madrileño, y el contenido de su vida muy del siglo XXI. Nos recibe la calle y el atrio engalanados para las fiestas de la Virgen del Carmen, el próximo lunes día 16, con misa solemne a las 20.00 y posterior procesión que llena, literalmente, las calles del barrio. Porque en esta parroquia la religiosidad popular, esa religiosidad que con tanto mimo acaricia el papa Francisco, es clave para la presencia del Evangelio. El párroco, Pedro Vizcaíno García, a la hora de presentar a la comunidad insiste en los contrastes: una población de aluvión nacional, de acelerado envejecimiento, con una inmigratoria nueva, de múltiples orígenes, marroquí, de etnia gitana, conjunto de igualdades y desigualdades.

Y en medio, la Iglesia inmersa en un proceso de cambio en la transmisión de la fe, sobre todo en la iniciación cristiana, que se abre a nuevos horizonte de diálogo y convivencia pacífica y que pretende dar respuesta a ese envejecimiento de la población. Otro contraste. La parroquia, en gran media gracias al trabajo conjunto con el Colegio Nuestra Señora del Carmen regentado por las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, tiene un nutrido número de niños que se preparan cada año para la primera comunión, cerca de un centenar. También cuenta con un par de grupos de confirmación y un grupo de matrimonios jóvenes insertos en esa dinámica. De los tiempos pasados hay que destacar el papel que tuvo el grupo «Misión Juventud», que dejó su huella en la atención e integración social de los jóvenes.

El Pueblo de Dios

Pero volvamos a la religiosidad popular, que es vivida y expresada con fuerza por el pueblo, ese pueblo de Dios que en esta villa tiene un agudizado sentido crítico y asociativo. Las Cofradías de la parroquia, la de Nuestra Señora del Carmen, la de Nuestra Señora del Rosario, con sus fiestas. Y, sobre todo, la Semana Santa, con los pasos procesionales del Nuestra Señora de la Soledad y Nuestro Padre Jesús Nazareno. De parroquias limítrofes se acercan a este templo a rezar, por ejemplo, a san Judas Tadeo, o al Cristo crucificado, ahora en restauración. La piedad popular también es una forma de alabanza y bendición, y por eso es frecuente que los fieles pidan a los sacerdotes la oración para lo que tienen, la casa, el coche. Loables prácticas de raíz y razones.

La caridad de la parroquia es su larga mano hacia un barrio que ha sufrido crisis económicas, sociales y culturales fuertes. Ahora se atiende a unas doscientas familias. Sorprende de esta parroquia su ser y estar con las puertas abiertas, es decir, el amplio horario de apertura del templo. Y también el alto número de bodas que se siguen celebrando en esta comunidad. Lo mismo que los bautizos. La prioridad pastoral, el santo empeño, es la presencia de la Iglesia, de los sacerdotes, de la comunidad y el encuentro con los otros. Por eso son importantes las horas de atención en el despacho por parte del acogedor párroco y de el joven vicario José Manuel Fernández, y el sacerdote adscrito José Luis Sáenz-Diez de la Gándara, que es también delegado diocesano de la pastoral para el final de la vida, o algo así, vamos.