El paseo del estanque, ayer, repleta de puestos donde los manteros venden bolsos, gafas de sol y otras prendas
El paseo del estanque, ayer, repleta de puestos donde los manteros venden bolsos, gafas de sol y otras prendas - GUILLERMO NAVARRO

El Parque del Retiro se queda sin Policía

La situación es extrema desde el fin de semana pasado, cuando la afluencia de público es mayor

MadridActualizado:

Sábado, una de la tarde. El Parque del Retiro vive, junto a la del domingo, la que es su jornada semanal más concurrida. Alrededor de 15.000 personas pueden concentrarse al mismo tiempo en el principal pulmón verde del centro de Madrid. El calor ya está aquí y pasar el día en la zona es una de las atracciones principales. Sin embargo, entre la multitud, se cuece un mercado ilegal de drogas, productos falsificados y bebidas alcohólicas, aderezado con carteristas y exhibicionismo. Es la cara B del Retiro, que se ha ido intensificando estos dos últimos fines de semana cuando el dispositivo especial de vigilancia de la Policía Municipal ha desaparecido.

Ya hace dos años y medio, como entonces dio cuenta ABC, el Gobierno de Ahora Madrid mermó sustancialmente los efectivos dedicados a patrullar el parque. Sin embargo, la situación ha empeorado desde el fin de semana del 15 y 16 de junio, y se repite el corriente: «Es la primera vez que no ha habido ningún policía específicamente», afirma uno de los destinados en el barrio.

Con voluntarios

El Área de Seguridad tiene un servicio especial para la vigilancia en El Retiro durante los sábados y los domingos, por la cantidad de ciudadanos que acuden. Lo habitual son cuatro radiopatrullas por cada turno (es decir, ocho agentes por la mañana y otros tantos por la tarde). De ellas, una se encuentra siempre apostada en coche en la Puerta de América del Retiro, ya que es el acceso para la carga y descarga y necesita el vehículo como parapeto de acuerdo con la alerta 4 por atentado terrorista en la que nos encontramos.

Sin embargo, este dispositivo de fines de semana se cubre con personal voluntario, a los que se les pagan las horas extra. Y no se ha apuntado nadie. El origen de esta situación anómala es que el servicio especial para la vigilancia: «Se trata de una medida de presión por la negociación del nuevo convenio. Este servicio lo tienen que cubrir con horas extra y no nos pueden obligar a realizarlo si no hay voluntarios», indican fuentes.

La negativa, el viernes, a rubricar el preacuerdo sobre la nueva propuesta laboral de Carmena para el Cuerpo, hará que situaciones como ésta se prolonguen, porque la plantilla ha dado cuenta de que está harta del tratamiento que reciben: «Es humillante y desesperante. Pronto comienza el Orgullo Gay y no sé si me podré ir de vacaciones ya o tendré que cambiarlas», se queja otro agente, puesto que para esa fiesta, por su enorme dimensión, Seguridad sí que puede levantar libranzas con una semana de antelación si no hay voluntarios suficientes. El jueves apenas se habían apuntado dos, de una plantilla total de 6.100 policías.

Pues en El Retiro, con este panorama, apenas existe vigilancia. La específica, como decimos, ha desaparecido, y por ello ahora hay que tirar de los que hacen el patrullaje ordinario en el distrito (que cuenta con 120.000 habitantes empadronados, además de turistas y trabajadores de fuera), que no suelen ser más de tres o cuatro indicativos los fines de semana. La plantilla está seriamente mermada y, por lo tanto, queda muy comprometido el servicio a la ciudadanía. «Porque, claro, si están pasándose por el parque, aunque sea una vez a la hora, y reciben un aviso de fuera, tienen que irse, y eso ocurre siempre», explica una de las fuentes consultadas.

Una sola pareja

La situación de lunes a viernes tampoco es que sea para sentirse orgullosos. Apenas hay una pareja de policías dentro del parque, con una superficie de 140 hectáreas.

Este es el escenario actual y las consecuencias se están dejando notar en todos los aspectos. Por ejemplo, al no haber patrullas propias, «no se levanta el top-manta, que se ha multiplicado en la entrada por la Puerta de Alcalá y en el paseo del Estanque». Solo en esa segunda zona existen entre 20 y 30 vendedores ambulantes ilegales, que ya se saben que hay menos vigilancia y hasta cuándo se producen los cambios de turnos en la Policía.

Pero quizá sea peor la venta de droga, que queda prácticamente impune. Más de 15 personas, la mayoría de Senegal y Ghana, se reparten por distintos puntos del parque, sobre todo en su área norte, para vender hachís. Están en el túnel subterráneo, en la Puerta de Ibiza, en el Monumento a Cuba, en la glorieta de Martínez Campos… Siempre en pequeños grupos y controlados por mafias.

Luego, se producen situaciones del día a día, casi típicas en este submundo del parque. Por ejemplo, el fin de semana pasado, hubo dos avisos por exhibicionismo en el paseo del Estanque, a plena luz del día y con familias y niños paseando por la zona. Además, desde hace mucho, la Chopera es el lugar donde se practica «cruising» (encuentros sexuales entre adultos, normalmente hombres). «Aunque estas personas apenas molestan, porque lo que hacen fundamentalmente es dejarse ver para ver si ligan entre sí», aclara otro policía del distrito.

Y, como en todas las aglomeraciones de gente y, sobre todo, turistas, hay carteristas al acecho. La Policía Municipal tiene bajo la lupa especialmente a un grupo de cuatro rumanas, que se hacen pasar por sordomudas: «Van pidiendo o con una carpeta para recoger firmas, y roban todo lo que pueden al descuido: móviles, bolsos, carteras…». Actúan en el paseo del Estanque y junto al Palacio de Cristal, que son los dos enclaves más visitados.

Ahora, con la llegada de este sofocante calor, ya se ha sumado un problema más: el de los lateros. Alrededor del mirador y del imponente monumento ecuestre de Alfonso XII cientos de personas se acomodan en el césped y, casi como luciérnagas que van a la luz, estos vendedores ilegales, la mayoría de Bangladesh y Paquistán, les surten de bebidas y hasta comida, con total impunidad. Dejan sus vehículos en la avenida de Menéndez Pelayo y, en neveras, almacenan la mercancía, que van reponiendo para evitar que, si se la requisan los agentes, se queden sin nada que vender.

Cosas así provocan que, aunque parezca exagerado, el Retiro aparezca en las guías turísticas como un punto negro de seguridad de la capital.