DE PALACIO A MUSEO

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MADRID. «Toda la vida me he ocupado mucho en coleccionar obras de arte, arqueológicas y de curiosidades, habiendo conseguido reunir importantes y valiosas colecciones, y puesto que no tengo herederos forzosos he resuelto disponer de estas colecciones en forma que perduren siempre reunidas y sirvan para el estudio de los aficionados a la ciencia y el arte. He convenido con mi hija política, dueña de la casa, en que por siempre jamás quede el piso principal, portería y gran escalera de su dicha casa, calle Ventura Rodríguez número dos en Madrid, destinado a contener todas las colecciones mías, tal y como se hallan establecidas y colocadas...». Estas últimas voluntades de Enrique de Aguilera y Gamboa, XVII marqués de Cerralbo, fallecido en 1922, son el inicio de un museo que acoge una de las colecciones privadas más importantes del país.

Consecuentemente, este gran legado testamentario fue aceptado por el Estado y en la actualidad es un museo de titularidad estatal declarado Monumento Nacional en 1962.

Grandes viajeros

Antes de conocer los fondos que se alojan en este museo hay que retroceder en el tiempo hasta 1884. En esta fecha, el marqués de Cerralbo encarga al arquitecto Alejandro Lureda la construcción de su palacio que desde el principio concibió con una doble función: como vivienda y como museo donde exhibir las obras de arte reunidas por la familia en sus numerosos viajes por España y Europa.

Así, el museo consta de treinta y cinco estancias, distribuidas en tres plantas, entre las que se alojan más de 50.000 elementos, entre pinturas, esculturas, cerámicas, cristal, tapices, muebles, monedas, libros, estampas, relojes, armas, armaduras...

Comenzamos el recorrido desde el zaguán del palacio, cuyas enormes puertas permitían el paso de carruajes. Subimos por la escalera de honor y vamos admirando las primeras obras de arte -la propia balaustrada de hierro, el escudo del marqués de Cerralbo, dos tapices de armas y una obra del pintor Antonio de Pereda-.

Tres plantas

Seguimos por la planta entresuelo, que acogía las estancias privadas de los marqueses y sus hijos, Antonio y Amelia del Valle, aunque por necesidades museográficas se transformaron en galerías de pintura. También se encuentra en esta altura la Capilla, con una obra de El Greco. Seguimos por varias estancias comunicadas entre sí: los salones rojo, amarillo y rosa, el despacho de verano, el sobrio dormitorio que utilizara el marqués después de enviudar, el comedor de diario, la sala de baño y el salón de música.

La segunda planta, que se abría únicamente un día a la semana y en fiestas, ha mantenido inalterable su suntuosidad. Aquí encontramos la Armería, que exhibe orgullosos arnés de la Casa Cerralbo; el salón de ídolos, donde los caballeros se reunían a conversar; el vestuario, la sala de porcelanas, el comedor de gala -con una mesa de caoba y nogal para veinticuatro comensales a la que se sentaron políticos, literatos y personajes influyentes de la época-, el billar y el salón chaflán. Seguimos por el despacho y la biblioteca -con 12.000 volúmenes- y concluimos en el Salón de baile, con el monumental reloj misterioso francés.

Esta delicada y artística decoración han convertido la aristocrática residencia de la calle Ventura Rodríguez esquina con Ferraz en un testigo histórico de la vida cotidiana del Madrid de finales del XIX y principios del XX. Y es que algunos de sus salones parecen respirar aún el humo de tertulias literarias y los sones de concurridas fiestas y bailes...