Un padre denuncia que su hija fue agredida sexualmente por 9 menores en un bus escolar

Un padre denuncia que su hija fue agredida sexualmente por 9 menores en un bus escolar

Tienen entre 12 y 15 años y la sometieron a vejaciones en el trayecto entre el instituto de Villalbilla y Loeches

M. J. ÁLVAREZ | MADRID
Actualizado:

Con la tensión por las nubes desde el viernes, José Manuel Pineño, vecino de Loeches, explicaba ayer a ABC, consternado, algo que jamás hubiera imaginado que él pudiera contar. La protagonista directa es su única hija, una menor de 12 años, quien, según consta en la denuncia que ha presentado ante la Guardia Civil, sufrió, junto a otra compañera de la misma edad, abusos sexuales en el autobús escolar que la trasladaba desde el Instituto de Enseñanza Secundaria Atenea, del municipio vecino de Villalbilla, hasta su población.

Los presuntos agresores son un grupo de unos nueve chavales tan menores como las víctimas, quienes, además de compartir el mismo recinto educativo que las afectadas, son vecinos del pueblo. Lo peor y lo más incomprensible para él es que el conductor del vehículo ni se inmutó. «No hizo absolutamente nada como si fuera ciego y sordo».

«Si tardan una hora la violan»

Todo sucedió en media hora. En los treinta largos minutos de impotencia y vejaciones que dura el trayecto entre ambas localidades en el que los chavales, tras sujetar por los pies, brazos y manos a su hija, la manosearon cuanto quisieron «los pechos, abajo, por encima y por debajo de la ropa». «Si en lugar de eso tardan una hora, a mi hija la habrían violado», piensa en voz alta.

Anoche «Manolo», como es conocido José Manuel, quien regenta un pequeño negocio de antenas, relató, no sin esfuerzo, todo el calvario por el que pasó su hija, que, al menos en apariencia, y a tenor de lo que le ha explicado el psicólogo que se tuvo que buscar él por su cuenta, «porque el del pueblo está de baja», se muestra bastante entera. «Es más valiente que nosotros. Eso sí, nos han recomendado que la vigilemos. Mi mujer no consigue dormir y tiene pesadillas con lo ocurrido», mientras que él, se acaba de poner una pastilla más debajo de la lengua, «la de hoy», para controlar su tensión.

El pasado jueves, a las 15.30 él llevó a la niña hasta el bus escolar. «Ella no quería ir. Era una actividad extraescolar: entrenamientos para unos campeonatos escolares. Yo la obligué. Le gusta mucho el deporte, es muy sana, mide 1.70... confíe en el conductor del autobús y la dejé en la puerta», traga saliva. Iban 15 chavales de entre 12 y 15 años de varias clases.

Los problemas surgieron a la hora de regresar. «A uno de los chicos le habían «robado» el móvil, y antes de montar en el autobús, empezó a buscarlo en las mochilas de sus compañeros. Con esa excusa, «cacheó» a las niñas y empezó a tocarlas por aquí y por allá como si fuera un policía», dice el padre tragando saliva.

Expulsados del instituto

Al subir al vehículo, su hija y su amiga se sentaron juntas, y escucharon a dos de los mayores del grupo, «vamos a por ellas», siempre según su versión. Rodean a las pequeñas y las empiezan a manosear por todas partes. La compañera de su hija comenzó a dar patadas a todo lo que se movía y logra escapar hacia las filas delanteras. A la suya, un alumno le cierra el paso, y se sienta junto a ella, y otros dos se sitúan en la fila de delante y otros tantos en la de detrás, explicó. Un grupo de otros cuatro o cinco chavales, ajenos al ataque, intentaron mediar cuando el bus paró en Peñas Albas para dejar a algunos escolares. «Dejadla ya de una vez», inquirió. «Cállate o te parto la cara», le espetó uno de los supuestos agresores. A partir de ahí, los supuestos atacantes se hicieron fuertes. «Venga, vamos a tocar por turnos», le explicó su hija. Dicho y hecho. Se colocaron en el pasillo del bus, en fila. «¡Venga, que ahora me toca a mí!». Uno de ellos, en el colmo del paroxismo, aguardaba con los pantalones bajados, agregó Manolo.

«Mi hija estuvo media hora gritando: socorro, ayudadme. El conductor hizo caso omiso. Le he denunciado por omisión de socorro». Anoche supo que la expulsión cautelar de cinco días a los nueve presuntos implicados será definitiva. «Es lo único que me alivia, que mi hija no se tenga que cruzar con ellos a diario».