ORGULLO FAMILIAR

IGNACIO RUIZ QUINTANO
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Lo contaba don Eugenio d'Ors, el filósofo que desconfiaba de esos angelitos-mariposas con alas y sin traseros. Contaba que al bajar del tren en Zaragoza lo esperaba al pie del vagón un amigo muy maño y bastante castizo:

-Vendrá a mi casa... Lo convido a un cocido en familia...

Y D'Ors murmuró para sí:

-Las dos cosas que más me molestan: la familia y el cocido.

(Parece ser que el filósofo pudo cobrarse venganza filosófica poco más tarde, cuando el amigo fue a devolverle la visita a Madrid y él esperó también al pie del vagón: "Véngase a mi hotel... Almorzaremos con espárragos e ideas generales.")

La familia y el cocido.

Los amigos del cocido todavía no se han manifestado en Madrid, aunque todo se andará. Ya veo yo ahí a Caldera, una cara que, no sé por qué, siempre le recuerda a uno el cocido. Cara de "¡A mí que no me toquen el cocido!" De pultifagónides, en una palabra. De hecho, ahí está su retrato, en el salón de "La Bola", como contando los garbanzos que los hispanistas que caen por el local se meten entre pecho y espalda.

Por su parte, los amigos de la familia desean manifestarse el próximo sábado en defensa de lo que también podría llamarse "orgullo familiar". Ocurre, sin embargo, que el gobernador es un pobre señorín de Pontecesures que debe de tener de la familia la misma idea que tenía Camba de la politiquilla gallega. ¿Manifestación por la familia? Eso, habrá pensado el pobre señorín de Pontecesures, es que me han visto y van por Pepiño Blanco, el del labio húmedo, que es quien me ha colocado en Madrid. ¡Pepiño Blanco! Cómo será la cosa que lleva España a cuestas que las riendas del partido gobernante están en manos de un cuitadín que no pasó de segundo de Derecho, no en Harvard, sino en Santiago, cuya capitalidad, de ganar el nacional-socialismo galaico, correría, como es natural, peligro serio. ¡Ahí es nada, haber dejado ayuno en leyes a Pepiño Blanco! Total, que si el pobre señorín de Pontecesures prohíbe a los manifestantes por la familia circular por la Castellana, no es porque lo moleste la familia, como a don D'Ors, sino porque tiene de la familia una idea radicalmente distinta de la que tenía don Eugenio.