El palacio-iglesia de Nuevo Baztán, en la plaza Mayor, en el edificio más reprensentativo del conjunto de Churriguera
El palacio-iglesia de Nuevo Baztán, en la plaza Mayor, en el edificio más reprensentativo del conjunto de Churriguera - Guillermo Navarro

Nuevo Baztán: un proyecto pionero para la España vaciada del siglo XVIII

El conjunto histórico recupera, poco a poco, el esplendor con el que fue ideado por Goyeneche y Churriguera tras varias obras de rehabilitación de la Comunidad de Madrid

MadridActualizado:

La Historia no trata siempre con justicia a los valientes. Solo la perspectiva que aseguran la distancia y, sobre todo, el tiempo permite juzgar si el empeño personal de un visionario superó los límites de la utopía. La que Juan de Goyeneche (Arizcun, 1656-Nuevo Baztán, 1735) materializó en el siglo XVIII está hoy de plena actualidad. Con esa llamada de atención de fondo que la denominada España vaciada ha traído hasta la capital recientemente, algunos historiadores recuperan de la memoria proyectos pioneros como el que Goyeneche legó a Nuevo Baztán.

La Dirección General de Promoción Cultural de la Comunidad de Madrid, presentará el próximo martes –a las 12 horas, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando–, la investigación que la catedrática de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid Beatriz Blasco Esquivias ha realizado sobre Nuevo Baztán. Un estudio, materializado en el libro «Nuevo Baztán. La utopía colbertista de Juan de Goyeneche», que va más allá de la belleza patrimonial que vale a esta pequeña localidad de la cuenca del Henares su protección como Bien de Interés Cultural desde el año 2000. Heredero de un ejemplo, único en Europa, de creación de una población industrial de nueva planta, ha logrado salir del olvido gracias al turismo aunque su trascendencia histórica aún no ha obtenido la posición que merece. El trabajo de la profesora Blasco es, en gran parte, un intento por superar ese injusto agravio.

Detalle de uno de los edificios del conjunto histórico de Nuevo Baztán
Detalle de uno de los edificios del conjunto histórico de Nuevo Baztán- Guillermo Navarro

La magnitud de la empresa que este humanista y empresario navarro, nacido en el Valle del Baztán –de ahí el topónimo de Nuevo Baztán–, ha sido estudiada como un «experimento modélico» y «ejemplar». Goyeneche fue muy «sensible» a la crisis social que se vivió en la España de principios del siglo XVIII, con la Guerra de Sucesión de fondo. Entonces –como ahora ponen de relieve las manifestaciones de la España vaciada– la despoblación y el olvido de las zonas rurales eran un mal endémico. Frente a ese «sentimiento de decadencia» el prócer navarro ideó un modelo con el que generar riqueza partiendo de la absoluta nada.

En esa «nada», un páramo desierto relativamente cercano al río Tajuña, levantó entre 1709 y 1713 una ciudad fabril que, aún hoy, soprende por la perfección de su traza. De ello fue cómplice el maestro barroco José Benito de Churriguera. El conjunto que forman su palacio, la iglesia y la plaza conforma la postal más reconocible de Nuevo Baztán. Pero su interés como ejemplo de urbanismo trasciende lo puramente arquitectónico. «Su ambicioso proyecto pasaba no solo por impulsar la demografía, sino por hacerlo mediante la implantación de una actividad industrial destinada a la producción de objetos suntuarios para su exportación», explica Beatriz Blasco.

Lugar estratégico

El objetivo de Goyeneche fue lograr, en este pequeño punto estratégico –a sólo 50 kilómetros de Madrid y muy cercano a Alcalá de Henares–, el arraigo de las familias llegadas desde fuera como mano de obra y de los maestros extranjeros que se trajo de Europa. Todo ello como punto de partida para llevar a la práctica una economía productiva y comercial lo suficientemente potente para frenar el déficit que arrastraba la corona española.

Estatua de Goyeneche
Estatua de Goyeneche - Guillermo Navarro

En el medio siglo que duró la utopía colbertista –seguidora del modelo económico que desarrolló en Francia Jean Baptiste Colbert, ministro de finanzas de Luis XIV–, el conjunto llegó a tener censadas a unas 500 familias que trabajaban en las diferentes fábricas que ideó.De paños, de aguardiente, de sombreros, de seda, de pañuelos, de cintas, de cerería, de confitería, de «Agua de Hungría» –un tónico muy apreciado en la época–, de cestería e incluso de vídrios finos para las ventanas de palacios como el de la Granja de San Ildefonso, que ordenó levantar Felipe V. Goyeneche fue uno de los grandes defensores de la causa borbónica a pesar de su fuerte vínculo con la corte de Carlos II, de la que fue tesorero real.

La creación de estas industrias del lujo en Nuevo Baztán supusieron el precedente directo de las Reales Fábricas. Todas ellas fueron ideadas y costeadas íntegramente por el baztanés. «Su enorme fortuna nunca fue calculada», dice Blasco. El capricho de Goyeneche por crear una ciudad de nueva planta pasó por obtener la mayor «independencia» posible. «Nuevo Baztán tenía su propia jurisdicción civil y criminal, su regidor, un maestro, cirujano, boticario y, tras un largo pleito, logró la desmembración eclesiástica y el derecho de patronato sobre la iglesia de San Francisco Javier. Este hecho fue clave para arraigar a las familias, ya que posibilitó la celebración de bautizos, matrimonios y todo tipo de oficios religiosos», explica Blasco. «Había una importante vida social y comercial con tiendas de productos de primera necesidad, seminarios de formación de oficios e, incluso, un mesón en el que se daba alojamiento a aquellos que llegaban a Nuevo Baztán para comprar en sus fábricas», destaca.

El declive de la utopía

Juan de Goyeneche llegó a ver el punto culmen de su gran proyecto. Vivió los últimos años de su vida en Nuevo Baztán. Allí murió, el 12 de abril de 1735, y fue enterrado en la iglesia de San Francisco Javier –patrón de Navarra–. Las fábricas continuaron con su actividad algunas décadas más, pero con altibajos. La llegada de la Ilustración marcó el fin de la utopía de Goyeneche. El cese de la gran actividad industrial que había caracterizado a Nuevo Baztán terminó convirtiendo el bello conjunto en el pueblo agrícola y residencial que es hoy.

Interior de la Iglesia de San Francisco Javier de Nuevo Baztán
Interior de la Iglesia de San Francisco Javier de Nuevo Baztán- G. Navarro

La Comunidad de Madrid obtuvo la propiedad de los bienes que lo conforman en 1989. Abandonado durante décadas, en un estado ruinoso, la Dirección General de Patrimonio Cultural ha llevado a cabo tareas de rehabilitación desde 2015 que han logrado recuperar gran parte del esplendor con el que fue concebido por Goyeneche y Churriguera. Tras invertir más de un millón de euros, la Comunidad de Madrid continuará este año la restauración de varias zonas del conjunto –entre otras, las caballerizas–. El objetivo es el acondicionamiento de más espacios para su apertura al público.

Jaime de los Santos, consejero de Cultura, Turismo y Deportes defiende la necesidad de que el Gobierno regional impulse la publicación de obras que, como la de Beatriz Blasco, den a conocer «tesoros patrimoniales» como Nuevo Baztan. «Un conjunto artístico que culminaba uno de los ejemplos industriales más interesantes de la época», concluye.