La ermita de Nuestra Señora de Lourdes se encuentra muy deteriorada. José García

La nueva Castellana «barre» dos ermitas catalogadas

Dos ermitas con tradición en el distrito de Fuencarral, las de San Roque y Nuestra Señora de Lourdes, están en mitad del trazado de la futura prolongación de la Castellana. El Ayuntamiento quiere desmontarlas -si su estado lo permite- y trasladarlas a un nuevo emplazamiento en la zona. Pero antes, deberá descatalogarlas, puesto que son edificios protegidos.

MADRID. Sara Medialdea
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Dos antiguas ermitas, la de Nuestra Señora de Lourdes y la de San Roque, ambas en el casco histórico del pueblo de Fuencarral, serán «barridas» del mapa por la proyectada ampliación de la Castellana. Los templos, en un penoso estado de conservación, serán derruidos o desmontados y trasladados posteriormente a sus nuevas ubicaciones. En ambos casos, son edificios protegidos -nivel 2, grado estructural-, por lo que el Ayuntamiento tiene que descatalogarlos previamente a su traslado, algo para lo que ya cuenta con el dictamen favorable de la comisión regional de Patrimonio.

De las dos ermitas, la que aún conserva el culto es la de San Roque, explica la concejal del distrito, Nieves Sáez de Adana. Cada año, el 19 de agosto, Francisco Lebrato y su señora se encargan de abrirla para que los vecinos de Fuencarral puedan acudir en romería, una tradición casi tan vieja como el barrio. Lebrato vive allí mismo, en un espacio adosado a la ermita, y cuando le preguntan qué hará si tiran San Roque, responde decidido: «Yo corro la misma suerte que la ermita».

BAYONETAZOS

Ambos mantienen el interior de la capilla limpio y acondicionado. En él, junto a San Roque, hay sendas figuras de San Joaquín y Santa Ana y un cuadro de La Purísima fechado en 1900 y en el que pueden verse dos bayonetazos -sobre el cuello y el costado de la Virgen-, realizados tiempo atrás. El techo aparece totalmente negro por el humo de las hogueras que se hicieron en su interior.

De acuerdo con lo señalado en la propuesta de modificación del Plan General de Ordenación Urbana que el jueves se lleva a pleno - para hacer «arrancar» administrativamente la Operación Chamartín-, la ermita de San Roque es «incompatible planimétrica y altimétricamente con la ordenación propuesta», y «su traslado es imprescindible» porque el trazado de la futura prolongación de la Castellana «coincide con su actual situación»: pasa directamente por encima de la capilla.

Además, San Roque tiene una amplia tradición histórica en relación con la vida del antiguo municipio de Fuencarral. Por ello, el propio Ayuntamiento propone dos posibles alternativas donde reubicarla, ambas en parcelas próximas a su actual localización.

En cualquier caso, todos los gastos de derribo o reconstrucción de la ermita serán abonados por la junta de compensación de la Operación Chamartín.

En cuanto a la ermita de Nuestra Señora de Lourdes, se encuentra situada en el borde de la carretera que une Fuencarral y Alcobendas, junto a los depósitos del Canal de Isabel II.

En este caso, la capilla es propiedad privada, y anexa a la misma se encuentra una vivienda que comparten una madre y su hijo. Éste último explica cómo a lo largo del tiempo se han ido robando, placa a placa, las chapas de cinc que cubrían la cúpula de esta ermita, prácticamente en ruinas y totalmente abandonada y sin uso para el culto.

SIN PROTECCIÓN

La situación en planta y cota de esta capilla aconseja su traslado y reconstrucción, y su carácter de edificio protegido obliga a su descatalogación antes de acometer ninguna actuación.

En este caso, el Ayuntamiento madrileño cuenta también con un dictamen favorable en este sentido emitido en la reunión conjunta celebrada por las comisiones de Patrimonio de la Comunidad Autónoma de Madrid y de la Gerencia municipal de Urbanismo.

No obstante, sin embargo, y a diferencia de lo que ocurre con la de San Roque, el traslado y reconstrucción de la ermita se considera «condición no vinculante», y podría reubicarse en algún otro punto del distrito, en zona verde o de equipamiento y pública. Los gastos que esto genere correrán también a cargo de la junta de compensación del ámbito.

Los responsables municipales aún no tienen claro cuál será el destino final de las ermitas: si ser desmontadas y reconstruidas de nuevo en el emplazamiento que se elija, o si se derribarán y levantarán desde cero. El deplorable estado en que se encuentran algunos de sus elementos -en especial, la cúpula de Nuestra Señora de Lourdes, que apenas se mantiene en pie- complica la operación. Y la descatalogación anunciada dejará a ambas capillas sin protección y, tal vez, sin futuro.