Exterior de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen y san Luis
Exterior de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen y san Luis - INMA FLORES

Nuestra Señora del Carmen y san Luis: una parroquia con olor a cera

«Quienes entran a rezar cargan con bolsas de vida que se convierten en bolsas de caridad»

MADRIDActualizado:

La Iglesia también huele. ¿A qué huelen las Iglesias? A madera, de santo, a piedra berroqueña, a flores de presbiterio, a incienso, a humanidad redimida, a esperanza, a sacramento, a ritual, a caridad. Y a cera, como la parroquia de Nuestra Señora del Carmen y san Luis, en la céntrica calle del Carmen, 10. El pábilo vacilante de la vida, débil en su estructura, fuerte en su voluntad de iluminar, calor de hogar. «La caña cascada no la quebrará; el pábilo vacilante no lo apagará» del profeta Isaías. Porque en este templo añoso, en primera fila, ante el altar, hay un espacio privilegiado de plegarias, miradas, confidencias, lágrimas y ruegos del corazón. Primera fila, principal de patio, ese símbolo privilegiado de la súplica, de la oración, vela de cera, auténtica, amplio y discreto velamen. Así, mientras los técnicos de la Comunidad lo permitan.

Cuatro pobres a la puerta de la Iglesia. Bullicio que desemboca en el sol de España. Tomás, Juan, Amaya… nombres sin más nombre, sin más adjetivo. Manos extendidas. Los pobres en su casa. Cuenta el párroco, don Adolfo Lafuente, de antaño conocido en menesteres curiales, que a esta parroquia la llaman la «parroquia de las bolsas». Quienes entran aquí a rezar van cargados de bolsas de vida que se convierten en bolsas de caridad. Estamos en una parroquia de servicios, litúrgicos, sacramentales, caritativos, atención al confesionario. Ahí está don Lorenzo Rodríguez Muñoz, monseñor de título y cuna, a quien abrazo y con quien recuerdo historias compartidas a la sombra de san Andrés.

Cuatro grupos

Misas de continuo, y una feligresía que, según la descripción del párroco, se divide en cuatro grupos: los habitantes del término parroquial, unos dos mil fieles; las personas que de otras zonas de Madrid vienen con frecuencia a confesarse y a las misas; los que trabajan en los 22 hoteles que hay en el término parroquial, en los grandes almacenes, tiendas, restaurantes y bares; y los turistas y transeúntes. Colaboran en la atención los sacerdotes Santiago Enrique del Valle y Roberto López Montero, ilustre latinista.

Volvamos a la caridad, que es la que nos recibe. Los recursos de la Cáritas parroquial, atendida por voluntarios en la acogida, se destinan principalmente al día a día, hora a hora de la atención a los transeúntes: comida, ropa, satisfacción de las necesidades primerísimas, las más básicas. Y mucha paciencia y comprensión, abrazo de hospital de campaña para las heridas de la vida. Y con la caridad, la piedad, que es esta una parroquia de Hermandades, como la de Nuestro señor de la Salud y María Santísima de las Angustias, Hermandad de los «Gitanos»; la Congregación de San Federico, famosa por sus miembros, todos ellos de nombre Federico –nuestro querido Federico Fernández de Buján- ; la Congregación del Santísimo Sacramento y del Santo Entierro, o la Congregación de las 40 Horas. Culto a la Virgen del Carmen, a la que se honrará con unas vísperas solemnes cantadas, el próximo 14 de julio, a las 18,30, con piezas de Tomás Luis de Vitoria, Pergolesi, Gorriti, Recife y Madina.

Construcción del convento

Quien sabe mucho de esta parroquia, es el sacristán, Juan Benavente Benito, que ha escrito un libro sobre la historia. Recuerda que en 2011 se cumplieron cuatro siglos de la construcción del convento e iglesia de Nuestra señora del Carmen y san Luis Obispo. Un conjunto arquitectónico que tiene su origen en un cenobio fundado en el lugar donde había una mancebía. El Caballero de Gracia compró la casa y, en 1611, Miguel de Soria y Mateo de Cortray construyen la iglesia barroca.

Planta rectangular, una sola nave, bóveda de cañón, cúpula encamonada, cabecera cuadrada y destacadas capillas, entre las que sobresale la que alberga el Cristo yacente del imaginero Juan Sánchez de Barba, autor de la imponente imagen de la Virgen del Carmen del retablo neoclásico del XVIII. En la Guerra Civil, una foto en ABC alertó a los responsables de la República de los desmanes que se estaban cometiendo en ese templo dedicado al, perdón por la herejía, «octavo sacramento de la vida cristiana», Nuestra Señora del Carmen.