La noche loca de los tifosi

La noche loca de los tifosi

J. M. CAMARERO / M. J. ÁLVAREZ | MADRID
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Besos, abrazos, gritos, llantos... Los hinchas del Inter de Milán estallaron al verse ganadores de la Champions. Su equipo no sólo se impuso en el terreno de juego sino en las calles. La alegría contenida durante buena parte del partido se desbordó nada más finalizar el encuentro. Miles de forofos tomaron literalmente los alrededores del Santiago Bernabéu, provocando una gran aglomeración de aficionados en torno a la plaza de Lima, donde no paraban de escucharse los típicos cánticos de los tifosi para celebrar el triunfo de su equipo en la Champions. Solamente algunos descontrolados se salieron del guión previsto por la Policía y provocaron pequeños incidentes.

En un segundo plano quedaron los aficionados del Bayern de Munich, conscientes desde el segundo gol del Inter que poco podían hacer. Por ello, y para evitar incidentes, parte de los hinchas alemanes optaron por anticipar su salida del estadio y dirigirse hasta la estación de Nuevos Ministerios, donde muchos tenían previsto trasladarse en Metro hasta el aeropuerto de Barajas. El viaje de vuelta «va a ser un infierno», comentaban algunos germanos.

Mientras tanto, la fiesta se desbordó en las calles más próximas al Bernabéu, desde Concha Espina hasta General Perón. La «marea azul» se hizo, definitivamente, con un lugar en el que habían estado buena parte de la tarde disfrutando del encuentro. Porque en la zona de Azca se había habilitado la «fan zone» del equipo italiano: los seguidores que no habían conseguido una entrada se conformaron con visualizar en Azca el partido. Otros muchos se desplazaron hasta la calle del Padre Damián, para esperar la salida del autobús de sus jugadores y darles una gran ovación. Sin embargo, no era tan fácil moverse anoche en los alrededores del Bernabéu por los dispositivos de seguridad instalados, que no permitían mezclarse a las aficiones.

Muchos de los seguidores italianos sucumbieron a llorar tras el triunfo. «Hemos hecho un viaje muy largo, pero ha merecido la pena», explicaba Leo. A pesar de que no se registraron incidentes entre las dos aficiones, las secuelas de la fiesta ya se dejaban notar minutos después de que los jugadores del Inter recogieran la copa: los jardines cercanos al estadio se convirtieron en un gran botellón; y algunos aficionados rompieron cubos de basura, aunque la fuerte presencia policial evitaba males mayores.

Los responsables de los establecimientos de los bajos de Torre Europa preveían una «gran noche», según comentaban a ABC, tras el triunfo del Inter. Muchos de los aficionados comenzaron a desplazarse tras el encuentro hasta estos bares «para celebrar una victoria bien merecida», comentaban entre ellos. Fueron unos 80.000 seguidores del Inter y del Bayer los que se concentraron ayer en Madrid, la capital mundial del fútbol.

Espectáculo dentro y fuera

Si el interior del campo de fútbol fue un espectáculo, el exterior no lo fue menos antes del partido. Como si de un extraño bazar se tratase, en la calle de Concha Espina, territorio alemán ayer, por aquello de que no se mezclaran las hinchadas, vendían latas de cerveza y refrescos a 1, euro, bufandas a 10 o camisetas a 15. Justo la mitad que en los puestos oficiales de la UEFA.

Todo ello, a pesar del impresionante dispositivo de seguridad desplegado para la ocasión. Policías a caballo. A pie. En las esquinas. Entre los carriles de la Castellana... Los agentes se contaban en grupos de veinte en el doble cordón que se realizó en los aledaños del estadio, que se pobló de vallas. En una de las cafeterías de la zona el encargado subrayaba: «Los amigos de lo ajeno han robado decenas de carteras. Se han aprovechado».

«¿Ticket?», requerían los reventas fuera. «¿Cuánto?». «900 euros». «¡No estoy loco!». respondía Peter. «Compré la entrada por 155 euros. Es el precio normal». Agregó que a su amigo Hains, le costó 165 euros. «Es lo normal. Viva España y viva el Bayern».

«Yo he pagado mil euros por el paquete. Vuelo, entrada y hotel», indicó Giulio en la zona italiana, situada en la calle de Rafael Calvo. A su lado, Anna estaba resignada a ver el partido en la televisión. de uno de los bares de la zona. «Las entradas estaban agotadas».

El suelo era ya una alfombra de botellas, vasos de plástico y papeles. Salvo las zonas acotadas por el filtro de seguridad, el resto de las calzadas eran limpiadas por operarios del Selur. «Estamos todo el día en tres turnos. Hay muchísima gente. Nada que ver con otros partidos». Mientras, los reventas echaban el resto. Incluso subieron el precio nada más comenzar el partido al ver al varios hinchas que cartel en mano solicitaban: «Compro entradas». «Dame 1.200 euros y tienes una». La joven enmudeció y se fue.