Navidad, fiesta de la esperanza

JESÚS HIGUERAS | MADRID
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«Dichosa tú que has creído». Ésta es la alabanza que Isabel hace de su prima Santa María Virgen cuando se encuentran las dos mujeres que han sido testigos de un prodigio portentoso de Dios en su propia vida, pues ambas estaban embarazadas de un modo singular. Pero frente a la incredulidad de Zacarías, el marido de Santa Isabel, la fe de María resplandece como señal para todos aquellos que tenemos una extraordinaria necesidad de que Dios nazca de verdad en nuestro interior.

María no dudó ni un instante que el anuncio del Arcángel se cumpliría en su vida, aunque no entendiera todo claramente. Porque a Dios no hace falta entenderle, sólo basta aceptarle. Éste es el gran problema de muchos creyentes: que pretendemos entender a Dios y muchas veces le pedimos explicaciones o le preguntamos porqué pasan las cosas, especialmente las situaciones injustas y dolorosas.

Pero Dios te pide que te fíes, como lo hizo María, pues la confianza es la única puerta de entrada que Dios tiene en nuestro corazón. Hay que superar miedos, olvidar fracasos o heridas, pues sólo Él es capaz de construir un futuro distinto. Por eso la Navidad es la fiesta de la esperanza, pues Dios ha venido a la tierra, es decir, a esa tierra que es mi propia vida, y puede hacer nuevas todas las cosas. Confiar significa no rendirse, seguir luchando por un futuro que aunque parezca incierto puede ser mejor. Ante la proximidad de las fiestas navideñas, urge recuperar el sentido cristiano de las mismas. Navidad es mucho más que regalar, gastar o disfrutar, por más que nos quiera convencer nuestra sociedad descristianizada. Navidad es dejar que la paz de Dios inunde todo mi ser porque he decidido confiar en Él y he renunciado a mis propios planes, que, aunque buenos, eran sólo planes humanos. Los planes divinos son siempre más difíciles, pero más fecundos.

UNA Y MEDIA