Un Metro lleno de obstáculos

Aglomeraciones de gente, prisas, escaleras mecánicas cerradas o con un cambio de sentido, demasiado ruido y obras en el andén convierten el Metro en una carrera de obstáculos para los invidentes

VIRGINIA SAURA | MADRID
Actualizado:

«Al metro hay que tenerle respeto, nunca miedo». Es la máxima de Mariano Fresnillo. Desde los dieciocho años, este hombre es invidente y lleva más de 25 usando el transporte público con la única ayuda del bastón, durante dos décadas, y del perro guía desde hace cinco años.

Para llegar al trabajo, Mariano coge todos los días el cercanías desde Vallecas a Atocha. Un trayecto de siete paradas, que acaba en una de las estaciones más concurridas de Madrid. «Las grandes estaciones son más complicadas por las vías con andenes centrales, la muchedumbre y el exceso de ruido», explica este periodista que trabaja en ONCE. «Bajo al andén en hora punta con mucha gente, por ello tengo que ir más despacio para evitar tropiezos». Una de las técnicas de precaución que Mariano pone en marcha en su trayecto.

A continuación, su perro Lillo lo dirige hacía los torniquetes y acto seguido se encuentra en el andén de la línea 1 de Atocha Renfe. Si el convoy se encuentra ya en la vía, Mariano espera la llegada del siguiente para que la gente no lo arrolle con las prisas. Así, se dirige a lugares menos concurridos para subir al tren.

Una vez dentro, Mariano intenta encontrar un sitio donde sentarse. «La gente suele ser amable y te ceden el asiento», afirma. Mientras pasan las diez paradas hasta la estación de Cuatro Caminos lee un libro en braille y cuando anuncian su parada se prepara para bajar. «Me coloco delante de la puerta y busco el botón de apertura» explica y añade que este sistema de apertura manual le parece «ridículo» ya que obstaculiza la bajada para los invidentes. Además Mariano señala que la megafonía, una herramienta tan importante para los invidentes, no siempre está activada.

Tras descender al andén, Lillo le indica a Mariano el camino hacia las escaleras, que en ocasiones se vuelven un obstáculo por estar cerradas o cambiadas de sentido. La clave es ir despacio, para evitar obstáculos de este tipo o las obras eventuales en los andenes, que en muchas ocasiones están mal señalizadas.

Aunque se han introducido mejoras para los invidentes como la megafonía o los silbatos, Mariano cree que siempre se puede hacer más.