Cada año se requisan miles de falsificaciones, llegadas muchas veces de países en vías de desarrollo. Julián de Domingo

Mercaderes de las imitaciones

Una botella de Rioja a 200 pesetas, un cederrón a 500, un rólex a 10.000 o un bolso Vuitton a 12.000. No son las rebajas, son los precios que los mercaderes de imitaciones y falsificaciones, los otros gurús de las marcas, fijan para objetos que hacen suyos. España es el octavo país del mundo que más falsifica y este floreciente comercio produce unos 100.000 millones anuales en ventas. Según la Policía, es imposible acabar con este negocio.

MADRID. Cruz Morcillo
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«Se falsifica tanto por la obsesión compulsiva de comprar marcas. Cuanto más nombre tenga un producto, más expuesto está a que le salga un doble y, aunque parezca increíble, algunos son mejores que el original», explica un responsable de la Sección de Estafas de la Policía. El grado de perfeccionamiento que se ha alcanzado con las falsificaciones era hace unos años impensable. Primero, se copiaba la marca. Hoy, la tendencia es imitar también el producto. La proximidad de las Navidades desata dos hechos: que el mercado se inunde de imitaciones y que las grandes empresas denuncien más, conscientes de que la repercusión social es un arma.

EL TORO DE OSBORNE

En España -y Madrid no es una excepción sino un centro neurálgico de producción sobre todo en los polígonos industriales del sur de la región-, se copia todo desde lo más cotidiano a lo más sofisticado. La lista es interminable: calles y bocas de Metro saturadas de vendedores de cederrón de las últimas novedades discográficas, gafas, bolsos y objetos de piel que son polipiel o plástico, nombres inscritos en ropa que no son equivalentes a la verdadera marca, juguetes de moda, zapatillas, perfumes... Los programas informáticos, los videojuegos y algunos electrodomésticos no van a la zaga. La Unión Europea dio «un tirón de orejas» a España hace dos años por el espectacular incremento de falsificaciones de software informático, con Windows a la cabeza.

La imaginación para crear dobles no tiene límites, tal y como recogen algunos casos seguidos de cerca por la Policía. El pasado mes de septiembre los agentes requisaron todo tipo de «souvenir» en un tenderete de la Feria de Muestras. Un vendedor barcelonés había copiado el toro de Osborne en dedales, objetos de cerámica, pegatinas, bolígrafos, pin, incluida una reproducción metálica del astado más famoso, que era utilizado como reclamo. Su argumento fue que ese toro es un monumento nacional. Y tiene razón, sólo que los derechos intelectuales los adquirió Osborne a su creador.

Otro día se presentó en la Policía un fabricante de un tipo de navajas de Albacete. Tenía patentado un modelo multiusos y paseando también por la citada Feria encontró un expositor repleto de sus criaturas, eso sí importadas de China.

En otra ocasión, una empresa pidió que investigaran las reproducciones que se habían hecho de su producto: un dosificador de jabón, también patentado. Un empleado había dejado la firma y había creado una propia, con el mismo producto y envase para el que trabajaba antes.

«La fuga de trabajadores, sobre todo directivos que se llevan la idea, los planos y todo lo necesario para fabricar algo que ya saben que da dinero es muy habitual, por eso a veces las empresas obligan a firmar contratos con cláusulas prohibitivas en ese sentido», aclara un responsable policial.

¿Quién no conoce las herramientas Bosch o Hilty? Aprovechando el prestigio de ambas marcas, un grupo hizo su agosto el año pasado hasta que fue desarticulado. Desde Italia enviaban taladros, martillos neumáticos, compresores, soldadores y otras herramientas sin marca o con una marca italiana de pieles. Ya en España les colocaban una pegatina de alguna de las dos grandes firmas citadas y las vendían en una tienda del paseo de Extremadura. Otra opción era enviar las etiquetas falsas, vía Seur, a varios vendedores con los que contaban en toda España, encargados de doblar la marca en el destino. Las comercializaban a un precio mucho menor y colocaron más de dos centenares de herramientas.

DOSCIENTOS DETENIDOS AL AÑO

Los afamados vinos de Rioja tampoco han escapado a la imitación. Hace un tiempo el Consejo regulador denunció que en Madrid se comercializaba un «Vega de Valdeoya» crianza que era falso. Se distribuía desde Barcelona a varias bodegas y restaurantes de Madrid, con un certificado de la marca, igualmente falso. La Policía se incautó de casi 1.000 botellas, pero comprobó que se habían vendido más de 20.000, a un precio muy por debajo del real.

Este tipo de delitos es de los más comunes y todos los años sólo en Madrid se detiene a unos 200 personas. Son asuntos que suelen investigarse sólo a instancia de parte, que están penados con entre seis meses y dos años de prisión en los casos más graves -lo habitual es una multa- y casi todos se resuelven sin llegar a juicio, en un acto de conciliación.

Dependiendo de lo que se falsifique se necesita una cierta infraestructura -prendas deportivas, por ejemplo- o un simple reproductor, caso de la música, las cintas de vídeo o los programas informáticos. La Policía apunta que es imposible acabar con la venta callejera e incide en que ha habido un gran aumento de inmigrantes que se dedican a ello (más de 100 a diario), derivado de los conflictos del campo en otras provincias que han provocado que muchos se queden sin trabajo y hayan venido a Madrid a buscar fortuna. «Hacer redadas y detener a esta gente que está vendiendo treinta o cuarenta discos supone a veces abocarlos a un tipo de delincuencia más peligrosa».

Frente a esta fiebre de los dobles, las grandes marcas invierten cada año cifras millonarias para combatir el fraude. A algunas les salen cinco o seis imitadores por periodos, caso de Pepe Jeans, que ha tenido que cambiar su etiqueta en varias ocasiones; Levi´s a la que le han falsificado millones de pantalones, Chanel, Larios, Nike... Como dato anecdótico, hay que destacar que las imitaciones no sólo se venden en las calles y en tiendas de segunda, sino también en prestigiosos comercios y grandes superficies, la mayoría de las veces sin el conocimiento de éstos. Es lo que se conoce como «ventas paralelas». Lo habitual es que la connivencia del local sea indemostrable.