«Los médicos rurales somos expertos en nada y aprendices de todo»
ABC JAIME GARCÍA

«Los médicos rurales somos expertos en nada y aprendices de todo»

MARÍA ISABEL SERRANO | MADRID
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«Somos expertos en nada y aprendices de todo». La frase, directa como ella sola, es de Vicente Palomo, 53 años, médico rural que, desde hace veintidós, ejerce como tal en Torrelaguna. Está feliz y plenamente identificado con su trabajo. Lo vive. «Quiero jubilarme aquí porque esta es la parte más bonita de la medicina»

-¿Cómo de bonita?

-Vemos de todo. Somos los «todo-terreno». Ancianos, niños, mujeres, hombres; a cualquier hora y cualquier patología. Eso es lo bonito. Si un señor se nos cae en la calle, el «Samur» también son los médicos rurales. Tratamos a familias enteras. Hay chicas embarazadas a las que he visto nacer. Es muy gratificante.

-¿Qué pasa, que ahora falta vocación para ejercer de ser médico rural?

-Parece que sí. Muchos no quieren ir a los pueblos. No están por la labor de ejercer en el medio rural. Es complicado. Si vives en Madrid capital, hay que desplazarse. Es cierto que, a veces, no está pagado. Yo vivo en el pueblo, en Torrelaguna. Estoy integrado. Soy uno más.

-¿No está pagado?

-¡Mujer! Me refiero a que hay que echar mucha vocación, tiempo y esfuerzo. Venimos a ganar unos tres mil euros al mes. Cuando llegué a Torrelaguna había otro médico. Conmigo, éramos dos. ¡Qué bien!, pensé, porque yo venía de médico de otro pueblo donde válgame Dios.

-Válgame Dios qué ...

-Que estuve siete años en un pueblo de la Axarquía malagueña. Moclinejo, se llama.Allí nunca había vivido un médico. No estaban acostumbrados. Recuerdo un brote de tosferina que me trajo por la calle de la amargura porque, a la menor tos, todos me reclamaban: «¡Qué el niño se me ahoga!». Y yo sin vacunas.Guardo muy buenos recuerdos. Ahí aprendí que una lavadora se chupa 300 litros de agua porque como durante seis meses al año no había, teníamos que llenar los depósitos de casa a base de bidones de 25 litros. Mi depósito era de 500 litros. Así que, ya te digo, una lavadora y adiós.

-En Torrelaguna, más relajado ¿no?

-Somos cuatro médicos, cuatro enfermeras y dos administrativos. También cubrimos los pueblecitos de Patones, Torremocha y El Atazar. En teoría, el centro de salud abre desde las ocho y media de la mañana a las tres y media de la tarde. A partir de ahí, y hasta las ocho y media de la mañana del día siguiente, son guardias. Antes las hacíamos nosotros. Luego se tiró de «refuerzos», que no venían muy contentos. Ahora funciona el Servicio de Atención Rural. A mí no me importaba hacer guardias. Me gustaban.

-Pues eso que se quita

-No crea. Muchos vecinos me consideran «de la familia». Yo, encantado. Pero eso conlleva que, a veces, hasta me convierto en su asesor. Tanta cercanía hace que te involucres mucho más. Son tus pacientes, pero también tus amigos y tus vecinos. Los ves todos los días y te sabes sus historias; las médicas y las personales.

- ¿Vicente o don Vicente?

-Tiene gracia. La gente mayor, con un sentido del respeto mucho más arraigado, me dice «don Vicente». Sin embargo, los chiquillos entran a la consulta y me quedo en Vicente. Me encanta todo.

- ¡Quéjese de algo, hombre!

-De la burocracia. Nos quita mucho tiempo. Que si tanta baja semanal, que si tanta receta -¡a ver cuándo llega la cartilla electrónica esa!-, el informe médico para el chaval que se va a apuntar a baloncesto, o para la niña que va a estudiar flauta ...

-¿Mucha gripe A entre sus parroquianos?

-Creo que el 80 por ciento es gripe A. La estacional todavía no ha llegado. Yo no doy «Tamiflú». Con leche y miel, paracetamol y cuatro días en cama, aguantando los dolores, se cura. Tranquilidad.