Los portavoces de los grupos políticos en la Asamblea, durante los actos del Dos de Mayo en Sol
Los portavoces de los grupos políticos en la Asamblea, durante los actos del Dos de Mayo en Sol - JAIME GARCÍA

Un Dos de Mayo en estado de «shock»

Cunde el abatimiento entre los populares, que ven su gestión irse por el desagüe. Todo se para, a la espera de la decisión de Rajoy sobre el sucesor

MADRIDActualizado:

El escenario, el ambiente y hasta los invitados contribuyeron a que el Día de la Comunidad de Madrid fuera ayer más discreto y austero que nunca. La celebración se salvó con dignidad, pero nadie podía olvidar que se estaba en el centro de una tormenta de dimensiones épicas, con una expresidenta que renunció al cargo hace apenas una semana, y un gobierno y el partido que lo sustenta que salen muy tocados de la operación. Y con la incógnita sin resolver de quién sucederá a Cifuentes.

Es por eso que el siempre prudente Ángel Garrido, presidente en funciones, no se salió ni un milímetro de su papel: empezó su discurso recordando que estaba allí por imperativo legal -no es textual, pero casi: «Lo hago como resultado de las previsiones en materia de gobierno contenidas en la normativa autonómica», dijo- y se dedicó a insuflar ánimos a unos dirigentes populares entre los que cundía el desánimo. No ya -o no sólo- por la marcha de quien ha sido su líder durante tres años; sino también por la molesta sensación de que todo su trabajo se había marchado por el desagüe a raíz del escándalo.

Los principios

Por eso, Garrido habló de la estabilidad «más allá de las circunstancias», de la necesidad de «dar lo mejor de nosotros mismos» en «los momentos de dificultad», o de ser capaces de «superar la adversidad» y no dejarse «vencer por los problemas» ni por los «vaivenes políticos y cambios coyunturales».

Recordó la «labor de una Administración autonómica consolidada» y el trabajo de «172.000 funcionarios». Pero ni así se conseguía elevar la moral popular, por los suelos tras los últimos acontecimientos. «Hemos dejado un vacío de poder y esto es como el gas: alguien lo ocupa rápido, y en este caso ha sido Ciudadanos», señalaba un alto dirigente. Otro añadía un argumento más: «Hemos abandonado nuestros principios; de ahí la caída». Porque los resultados de las últimas encuestas no ayudaban precisamente a subir los ánimos.

«No sé si hemos salido de otras peores», intentaba bromear un dirigente local

«Pase lo que pase, que nos pille trabajando», apostaba un tercero. Aunque la opinión más generalizada era que se atravesaba por una de las situaciones más difíciles del partido en su historia: «No sé si hemos salido de otras peores», intentaba bromear un dirigente local.

En todo caso, se esperaba la reacción de Rajoy, el único -en eso sí estaban de acuerdo- que sabía qué iba a pasar en el futuro, más allá de especulaciones. El presidente escribía a primera hora de la mañana en Twitter un mensaje: «Feliz Día de la Comunidad de Madrid, una región pujante, dinámica y emprendedora. Estoy seguro de que seguirá impulsando el crecimiento, el empleo y el bienestar», decía.

Cada vez más nombres

De momento, de su decisión depende quién ocupará la presidencia de la que, desde la renuncia de Cifuentes, se ocupa interinamente Ángel Garrido. Él, como número dos del Gobierno y del partido en Madrid, parecería la opción más lógica, pero la falta de noticias ciertas sobre lo que puede ocurrir han hecho aumentar los rumores sobre «presidenciables» para este año que queda de legislatura.

La nómina va aumentando, y a los ya habituales nombres -Garrido, Rollán, Ossorio- se unieron después Gómez- Angulo y Alfonso Serrano, y ayer mismo Carlos Izquierdo y Rosalía Gonzalo. Si la incertidumbre se prolonga mucho más -hasta la próxima semana, ya que los contactos con los grupos no serán hasta los días 7 y 8-, es probable que las «quinielas» continúen creciendo y alimentando el morbo sobre la sucesión.

Mientras, la expresidenta se dejó ver en las redes sociales en un viaje por el corazón de Europa: Salzburgo primero y Múnich después. Garrido, que habla con ella a diario, dice que «se encuentra mal», aunque se mostraba convencido de que lo superará porque «es fuerte».

Ante las encuestas, algunos en Çiudadanos llaman a la calma: «No vayamos a vender la piel del oso antes de cazarlo

El otro frente abierto en el PP, además del de elegir sucesor para Cifuentes, es el de decidir a quién ponen al frente del partido en Madrid. La gestora sigue apuntando como la opción más probable, con Pablo Casado y Juan Carlos Vera dirigiéndola, porque tienen la capacidad de aglutinar a las diferentes familias populares. Las aguas bajaban revueltas este Dos de Mayo en el PP, mientras los demás grupos intentan nadar en ellas, en su propio provecho. Con la inestimable ayuda, en el caso de Ciudadanos, de unas encuestas tan buenas que algunos en el partido ya llaman a la calma: «No vayamos a vender la piel del oso antes de cazarlo», recordaban. Y la portavoz municipal, Begoña Villacís -la «alcaldable» con más futuro en los sondeos-, insistía: la verdadera encuesta será en las urnas.

Leyes por aprobar Ignacio Aguado, portavoz y hombre fuerte de Cs en la Asamblea, se niega a que el año que falta de mandato se volatilice como el éter en la precampaña: «Queremos aprobar aún varias leyes. La de Víctimas del Terrorismo, la del Canal de Isabel II, la de Transparencia, el Reglamento de la Cámara, y ver cómo funciona la de Gratuidad de los libros de texto».

Ángel Gabilondo (portavoz del PSOE), que pugna por ser el candidato a la presidencia regional ahora que existe la oportunidad legal, le insiste a tomar partido por «una auténtica regeneración», porque «el PP no es el camino». Algo que no convence a Aguado: «No queremos echar al PP en los despachos, sino ganarlo en las urnas», afirma el portavoz de la formación naranja.

El líder socialista, Pedro Sánchez, se muestra plenamente optimista: tiene, cree, «un proyecto ganador» y «al mejor candidato» de cara a 2019. Mientras, Íñigo Errejón (Podemos) intenta hacerse un hueco en el complicado panorama madrileño: pide un acuerdo con Cs y PSOE para un «gobierno de transición» en Madrid.