Interior de la parroquia, con un altar presidido por Jesús con los Apóstoles
Interior de la parroquia, con un altar presidido por Jesús con los Apóstoles - Isabel Permuy

María Madre del Amor Hermoso: Una comunidad de esperanza

En Villaverde, la parroquia da respuesta a la nueva realidad social del sur de Madrid

MADRIDActualizado:

Dice el libro del Eclesiástico: «Yo soy la madre del amor hermoso y del temor, del conocimiento y de la santa esperanza» (24,18). La historia del amor hermoso es la historia de la «automanifestación de la persona», que diría Juan Pablo II en la Carta a las familias de 1994. El amor hermoso es la belleza del primer encuentro, de la primera palabra, del primer amor. El amor hermoso es la alegría de la esperanza que trae la Iglesia.

Villaverde Bajo, tras las vías del tren, es una estación de obligada parada para una vida de duro trabajo, sufrimiento. Un Villaverde aislado y abstraído del cacareado progreso, en un Madrid de las secuelas de la droga, en aquellos años de la lucha de las madres y las abuelas por sacar adelante a sus hijos, en calles estrechas, pisos amontonados, mixtura de colores y una palabra de esperanza. La parroquia, que pasa inadvertida a la sombra de los balcones que se apoyan en la cruz de la puerta de entrada, calle de Vicente Carballal, 11, es pequeña de visibilidad pero grande en recursos de humanización. Una parroquia humilde, sencilla, para un barrio en desarrollo que va quemando etapas en su historia.

Cuenta la parroquia con un nuevo párroco, el sacerdote Carlos González Paniagua, que ha venido desde la atención siempre precisa en la secretaría de monseñor Martínez Camino, a las periferias de un Madrid que es todo necesidad. Da gusto conversar con Carlos sobre el presente y el futuro de la parroquia. Da gusto el afecto con el que describe cada rincón de un templo que ocupa el espacio central de unos edificios de paredes de yeso y calefactores que proceden de los talleres de la antigua Renfe, el único calor físico que se encuentra en la fría mañana del Villaverde Bajo. Bueno, y la fuerza del Evangelio proclamada por las Comunidades Neocatecumenales de la parroquia, a los que llaman los «Kikos», ahí presentes desde los primeros tiempos, y que son esa línea de Evangelización que comenzó en Palomeras Altas y siguió en ese Villaverde de esperanza. Tres Comunidades, alguna de las primeras, que han mantenido encendida la llama de la fe en medio de un mundo que se venía abajo. Un Villaverde que a efectos eclesiásticos es el límite de la diócesis de Madrid con la de Getafe.

En la parroquia también colabora el sacerdote mexicano Milton Altuzar Martínez y las religiosas del Verbo Encarnado, que están encarnadas en el barrio, fundación originaria de Lyon gracias al carisma de la madre Juana Chezard de Matel. La imagen de la Virgen Milagrosa presente en un templo de estética neocatecumenal indica que por aquí han estado las Hijas de la Caridad, que siempre dejan una preciosa huella de afecto. La parroquia es por tanto un mosaico de carismas que viven integrados en una realidad de presencia y testimonio, con un reto inmediato: dar respuesta a una nueva realidad social y familiar que se está creando al sur del territorio parroquial, Butarque, geografía hoy desconectada, barrio joven, con Instituto de ocho líneas y necesidad de la palabra y del pan de la vida. Insiste el párroco que «hay que salir a buscar a las personas que viven en esta zona para acompañarlas en su integridad, ayudarles a crecer como personas en la fe y la esperanza». «¿Cómo hacer eso?», pregunto. «Pues yo solo tengo una fórmula, sonreír y hablarles de Dios, que es lo que todos necesitamos. Estar aquí todo el tiempo acogiendo a todo el que llega con una sonrisa», contesta con rapidez.

La realidad social del barrio es también la realidad de una inmigración de múltiples procedencias: hispanoamericanos, sudafricanos, marroquíes… La Cáritas parroquial acaba de iniciar una nueva etapa en conexión con las otras parroquias del arciprestazgo. Hay que destacar, del día a día de la comunidad, los más de cien niños en catequesis de primera comunión, el grupo de confirmación y el grupo de jóvenes, que son atendidos por los catequistas de la parroquia, que tienen una larga experiencia en estos menesteres. Y el grupo de matrimonios, que están preparando un Centro de Orientación a la Familia, un servicio de atención integral para una parroquia que llega al límite de un Madrid que también es geografía de humanos deseos.