Margarita Kearney Taylot, fundadora de Embassy
Margarita Kearney Taylot, fundadora de Embassy - ABC

Margarita Kearney Taylor, de fundadora de Embassy a espía del MI6 británico

La embajada tenía sus rutas de evasión activas durante la II Guerra Mundial y varias de ellas pasaban por el sótano del local

MadridActualizado:

El cierre de Embassy representa la desaparición de uno de los espacios históricos más emblemáticos de Madrid. Pocos lugares han sido testigos con tanta autoridad de la realidad agitada y violenta que sacudió Europa durante los años 30 y 40. No todos sus clientes sabían que al traspasar el umbral cruzaban una mágica frontera del tiempo que durante años atravesaron también políticos, diplomáticos y espías. Allí se decidió una parte de la historia y allí se decidió evitar una parte de la historia. Su sótano todavía conserva el recuerdo de las decenas de vidas que se salvaron.

Su oferta gastronómica y su ambiente refinado estaban a la altura de la discreción de la que Embassy hizo gala desde su fundación en 1931. Todo a medida y semejanza de su fundadora, la irlandesa Margarita Kearney Taylor, dispuesta a seducir con sus meriendas a la alta burguesía del barrio de Salamanca. Los principios ya estaban inscritos en el propio nombre, el mismo del club londinense (Embassy) del que Margarita Taylor era miembro.

La barra de Embassy, a mediados del siglo XX
La barra de Embassy, a mediados del siglo XX - ABC

Su lujosa complicidad lo convirtió en el lugar de encuentro más chic del Madrid de los 30. Sobrevivió con dificultad a la Guerra Civil y vivió su época dorada durante la Segunda Guerra Mundial. No tenía rival en un Madrid devastado. Su obrador seguía fabricando los «scones», los panecillos ingleses que se hacían a diario y trasladaban a Madrid el aroma lejano de los hogares londinenses. Situado a un paso de la embajada alemana y muy cerca de la legación británica, la tentación era muy difícil de evitar. Alrededor de sus confortables sillones se daban cita funcionarios de ambos países, oficialmente en guerra pero allí hermanados por la extraña camaradería de la buena mesa.

Sin embargo, la apariencia frágil y victoriana de Taylor ocultaba un carácter comprometido con la causa aliada y el MI6 británico, de quien fue una colaboradora activa. Cuando las puertas se cerraban, el sótano se convertía en refugio para huidos del nazismo que habían logrado llegar a España. La Embajada británica tenía sus rutas de evasión activas y varias de ellas pasaban por Embassy antes de huir en las sombras de la noche en un vehículo con matrícula diplomática con dirección a Gibraltar o a la finca gallega del médico español Eduardo Martínez Alonso. Ni la embajada británica ni la alemana ocupan ya su ubicación original. Únicamente Embassy hacia honor a la historia. Hasta ahora.

Javier Juárez es Periodista y escritor. Autor de «Conspiración en Madrid» (ED. DOÑATECLA)