Ruiz-Gallardón, sobrevolando la zona afectada. Jaime García

La mano del hombre causó el incendio de 850 hectáreas en Patones

Un manto de ceniza cubre más de 800 hectáreas de monte entre Patones y Torrelaguna. Es lo que queda tras las doce horas que duró el incendio, el mayor de los últimos 8 años. En su origen está la mano del hombre, dijo el presidente regional, Alberto Ruiz-Gallardón, que ayer sobrevoló la zona.

SARA MEDIALDEA
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MADRID. Accidental o intencionadamente, fue la mano del hombre la que causó el incendio que el viernes arrasó cerca de 850 hectáreas de monte bajo en la sierra norte de Madrid, entre Torrelaguna y Patones. Las investigaciones aún están en marcha, aunque algunos elementos convergen en una misma dirección: el fuego se originó en un solo punto, muy localizado y junto a la carretera, en una zona que en el último mes y medio había sufrido cinco conatos de incendio que fueron controlados.

El presidente regional, Alberto Ruiz-Gallardón, visitó ayer la zona devastada y pudo ver, desde un helicóptero, los daños provocados por las llamas. Prometió una pronta plantación de especies vegetales que aceleren la regeneración de esta parte de la sierra.

Fuego en cuña

El incendio, explicó el presidente regional, tuvo un punto de origen «único y en el que intervino la mano humana», aunque «aún está por determinar si esa intervención fue accidental o intencionada». Todas las hipótesis estaban ayer abiertas, desde la de la cerilla caída al azar a la de una acción premeditada. Las investigaciones que llevan a cabo Guardia Civil y Bomberos aclararán definitivamente este extremo, aunque fuentes de la Benemérita apuntaron la presencia de indicios que podrían hacer sospechar que el fuego hubiera sido provocado.

El consejero de Medio Ambiente, Pedro Calvo, explicó al presidente regional y a la delegada del Gobierno en funciones, Sagrario Fermoso, que en el último mes y medio, se habían producido en esta misma zona otros cinco conatos de incendios, que afortunadamente habían podido ser controlados por los servicios de extinción.

La zona incendiada está poblada de monte bajo, tomillares y jara, especies de muy rápida regeneración natural, a la que se añadirán las plantaciones que ahora piensa realizar el Gobierno regional. Ni un solo árbol se quemó en las casi doce horas de incendio, gracias a la acción de los cuerpos de extinción y también a la fortuna del cambio de dirección del viento, que alejó las llamas de la zona de pinares más cercana al Atazar.