En la llanura chaqueña
Vagones antiguos junto a las vías del tren de La Madrid - PANORAMIO

En la llanura chaqueña

Gregorio Araoz de La Madrid es el nombre de un prócer argentino que aparece en los grabados del siglo XIX dotado de charreteras de general y con un impresionante mostacho

MANUEL LUCENA GIRALDO
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Gregorio Araoz de La Madrid es el nombre de un prócer argentino que aparece en los grabados del siglo XIX dotado de charreteras de general y con un impresionante mostacho. También fue, según cuentan las crónicas, «increíblemente valiente e imprudente, un mal jefe en el campo de batalla que no pensaba lo que hacía».

Resulta chocante que para recordar a este individuo y con su segundo apellido, la localidad fuera bautizada así en 1889, cuando apareció como colonia agrícola. En todo caso, ajenos a los vericuetos de la toponimia y la historia, estos diez mil madrileños, animosos y cordiales, habitan «el centro neurálgico del sur de la provincia de Tucumán» —ahí es nada—. A noventa kilómetros de la capital, San Miguel, La Madrid se localiza en el departamento de Graneros, a 27º y 63’ de latitud sur y 65º 25’ de longitud oeste, y está a 253 metros sobre el nivel del mar.

Parece más expresivo señalar que estos madrileños argentinos se hallan a 540 kilómetros en línea recta del Pacífico y 1050 del Atlántico, en mitad del continente suramericano. La llanura oeste del Chaco, enorme e infinita, se abre por doquier. El clima es subtropical, caluroso y húmedo en verano, seco y poco frío en invierno, con alguna helada ocasional. La riqueza agropecuaria de la región es extraordinaria, pero la progresiva salinidad de las tierras constituye un grave problema, solucionable con inversiones y tecnología. Soja y patata figuran entre los cultivos. También se explota el ganado caprino en cooperativas de las cuales los vecinos, descendientes de españoles, sirios, libaneses, italianos e indígenas, se sienten orgullosos. La artesanía hecha de cuero y lana tejida, con la colcha de colores como producto más representativo, es muy demandada por los visitantes, que tienen prohibido hacer dieta, ya que la gastronomía es espectacular.

Tomen nota. Para una comida cualquiera, locro de maíz con carne seca, patitas y cuero de cerdo, empanada, tortilla al rescoldo y de postre, quesillo en hoja de palma con miel de caña (y siesta obligatoria). Quienes tengan vocación de empresarios agrícolas pueden tener allí una oportunidad. Las tierras son tan asequibles que las compran foráneos, lo que causa profundo disgusto a los locales. Por medio millón de euros venden 1.140 hectáreas, con pozo, luz eléctrica.. sale a 600 euros cada una. Si no estuviera tan lejos...