Vecinos en el bar de la plaza del pueblo en La Hiruela
Vecinos en el bar de la plaza del pueblo en La Hiruela - MAYA BALANYÀ

Madrid planta cara a la despoblación para salvar sus pueblos olvidados

De las 60 medidas previstas por la «Estrategia para revitalizar los municipios rurales», el 95 por ciento ya se han puesto en marcha

MADRIDActualizado:

Hay mucho Madrid más allá de la capital. Está Madarcos, en la sierra norte, un pequeño pueblo de casas de piedra que con sus 46 habitantes es el menos poblado de la Comunidad. O Batres, en el suroeste, casi engullido por el verde del parque regional del curso medio del Guadarrama. Municipios rurales, en su mayoría, con una población envejecida y en continuo éxodo, ya que muchos de sus vecinos solo acuden durante el fin de semana. «De qué me vale a mí que vengan 200 personas si luego entre semana no hay nadie», explica un vecino de La Hiruela, en el extremo norte de la región.

La lucha por salvar estos parajes, atraer gente joven que decida instalarse en ellos y, sobre todo, igualar sus condiciones de vida a las de los lugares más poblados ha llevado al Gobierno regional a poner en marcha la «Estrategia regional para revitalizar los municipios rurales», una batería de 60 medidas que involucran a todas las consejerías, y con un presupuesto de 130 millones de euros. «La gente tiene derecho a elegir dónde quiere vivir», explica el comisionado para la revitalización de los municipios, Rafael García. El plan, que tiene un periodo de vigencia de cuatro años, prevé la concesión de ayudas para la construcción de vivienda joven, el fomento de la industria o la instalación de la fibra óptica en todo el territorio madrileño, entre otros proyectos.

Algunas de estas actuaciones no comenzarán a dar frutos hasta 2020, cuando se terminen de construir las nuevas viviendas sobvencionadas, pero lo cierto es que, en apenas un año, ya se han puesto en marcha el 95 por ciento de las medidas previstas. «La estrategia surge a raíz de la Conferencia de Presidentes de enero de 2017, cuando se estableció la necesidad de las comunidades autónomas de afrontar el reto demográfico», explica García. Un año y pocos meses después, en junio de 2018, se puso en marcha definitivamente el plan, con una doble vertiente: por un lado, fomentar la repoblación de estos municipios, ofreciendo ayudas a las familias que quieran trasladarse a un entorno más tranquilo y «alejado del bullicio» de los grandes núcleos; y, por otro, mejorar sus condiciones de vida, potenciando servicios básicos como la sanidad, el transporte o la educación.

Los efectos no han tardado en hacerse notar. «El cambio ha sido brutal», comenta Carlos Rivera, alcalde de Torremocha del Jarama, con más de 40 años de experiencia en el cargo. Uno de sus beneficios más claros, según explica, ha sido la agilización de los trámites a la hora de solicitar y recibir subvenciones, ya que se trata de una estrategia transversal que atañe a todas las consejerías. «Las direcciones generales no suelen tener una visión muy general», admite Rivera. En el caso de Torremocha, con poco menos de 1.000 habitantes, las actuaciones más importantes son las relacionadas con la convocatoria de empleo rural y la construcción. «Se ha puesto en marcha un plan de vivienda que llevaba parado desde 2010», dice Rivera, matizando que, aunque se están haciendo bien las cosas, aún podrían hacerse mejor.

Nuevas familias

El empleo es uno de los principales escollos a la hora de atraer población a estas zonas. «Nos llama mucha gente que ve en internet lo de las ayudas contra la despoblación y se piensan que les vamos a regalar la casa y el trabajo», comenta Ángel, del Ayuntamiento de La Hiruela. Este municipio, situado en el extremo más al norte de la región, forma parte del Proyecto Arraigo, que trata de poner en contacto a urbanitas en busca de una vida más tranquila con los pueblos más afectados por el reto demográfico. «Lo que queremos», explica Ángel, «es atraer a emprendedores, gente que pueda trabajar desde casa con el ordenador y quiera mudarse a un lugar tranquilo con su familia». Un deseo que tiene pocos visos de cumplirse hasta que no funcione la fibra óptica en el municipio; aunque el plan es tenerla operativa antes del fin de año, desde el Ayuntamiento dudan de que se consiga llegar a los plazos.

Ignacio Merino, alcalde de La Hiruela, asegura que lo principal es conseguir que se asienten nuevas familias. «La flexibilidad del programa de ayudas nos permite destinar los fondos a las necesidades más perentorias de la localidad», explica Merino, lo que les ha ayudado a poner en marcha y rehabilitar la Casa de la Maestra: una vivienda en desuso que, a partir de agosto, será ocupada por una familia con un bebé de seis meses.

A pesar de las promesas, algunos vecinos desconfían del verdadero alcance de las medidas. Sentados en la plaza del pueblo, junto al bar que, años atrás, servía de escuela al pequeño enclave serrano, dos hombres mayores recuerdan cómo tuvieron que abandonar su hogar para irse a trabajar a Madrid. «Ahora he vuelto porque estoy jubilado, pero cuando nosotros ya no estemos, esto se quedará muerto», asegura uno de ellos. En el horizonte, como un mal augurio, pueden verse los pueblos vacíos de Guadalajara, más allá del Jarama. Ambos señalan la zona con cara triste: «Así vamos a acabar».