Ayuso y Aguado, el 8 de julio, en la firma del pacto PP-Cs
Ayuso y Aguado, el 8 de julio, en la firma del pacto PP-Cs - ISABEL PERMUY

Así se logró el pacto en Madrid: tres semanas con más de cincuenta reuniones secretas para el desbloqueo

ABC relata cómo se ha desencallado una negociación difícil en la que Vox usó Murcia como «banco de pruebas»

Investidura de Isabel Díaz Ayuso para la Comunidad de Madrid, en directo

MadridActualizado:

Mañana del lunes 8 de julio. Congreso de los Diputados. En la calle cae el sol a plomo mientras que en una sala del palacio de la carrera de San Jerónimo Pablo Casado y Santiago Abascal se reúnen en secreto. Apenas cuatro días antes, el popular Fernando López Miras ha visto cómo Vox ha bloqueado su primer intento de investidura en Murcia. Los dos líderes nacionales tienen sobre la mesa resolver ese asunto pero también desencallar la problemática existente en Madrid: faltan apenas 48 horas para el pleno sin candidato en la Asamblea y el partido verde sigue en sus trece de no hacer presidenta a Isabel Díaz Ayuso. Es la hora de demostrar la grandeza de la política: más allá de siglas, sillones y diferencias ideológicas, ambas formaciones tienen un elemento en común, que es que la izquierda no gobierne en la Comunidad de Madrid.

La relación personal entre Casado y Abascal es buena; pero a nadie se le escapa que en Vox, como en todos los partidos, han surgido dos almas: la que representan su presidente y su secretario general, Javier Ortega-Smith, partidarios del desbloqueo, y la de Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio, que no cejan en sus presiones hacia el PP y Ciudadanos. Los intentos por llegar al día 10 con un acuerdo se apuran hasta las últimas horas precedentes. Pero no se consigue.

El papel de Casado en conseguir que el jueves, 1 de agosto, por fin los tres partidos llegaran a un acuerdo en la Comunidad ha sido importante. Pero ha habido otras dos piezas fundamentales en este alarde de orfebrería política: su secretario general, Teodoro García Egea, y la propia Ayuso, poseedora de una templanza a prueba de bombas en las tres semanas más trepidantes desde las elecciones del 26 de mayo.

«Había mucha desconfianza entre Cs y Vox. Pero, tras la investidura fallida en Murcia, los de Abascal se dieron cuenta de que la situación no podía seguir así. Utilizaron aquello como un banco de pruebas para Madrid. Sabíamos, además, que habría acuerdo finalmente para investir a Ayuso, pero no teníamos claro si sería en julio-agosto o en septiembre; porque Vox era consciente de que no les convenía ir a una repetición de elecciones, pues las encuestas no les daban buenos resultados. Se han dado cuenta de que el coste para ellos habría sido muy alto», explican fuentes del entorno negociador del PP.

El veto de Cs

En las tres semanas desde la investidura sin candidato en Madrid del 10 de julio al anuncio de acuerdo del 1 de agosto se han producido la friolera de más de medio centenar de reuniones. Pero siempre bilaterales: PP con Vox y PP con Cs. El partido de Albert Rivera se ha negado (y ha conseguido) en todo momento sentarse con el tercero en discordia.

García Egea se ha visto en numerosas ocasiones con el número dos de Cs, José Manuel Villegas («es una persona que siempre cumple lo que dice, para ceder o no», comentan otras fuentes de las negociaciones), pero también con Ortega-Smith y Espinosa de los Monteros. Había que esperar, de todos modos, a lo que pasara en Murcia, pero acordaron que debían encontrar una solución: pasar de la confianza a la desconfianza, esa era la clave. «Si seguís en la postura de pedir consejerías y otro tipo de puestos, va a ser malo para vosotros», reconocen que les dijeron en Vox. Porque la opinión pública iba a asimilar aquello como una lucha por el poder, del mismo modo que le ha pasado a Podemos en la desastrosa negociación con el PSOE para el Gobierno de la Nación.

Hay elementos comunes en los tres partidos: bajada de impuestos, crecimiento económico y principios liberales como garantizar la elección de la educación que pueden recibir los hijos; un punto este reflejado en el documento final aprobado.

Pero el tiempo se echaba encima. En el equipo de Díaz Ayuso no querían ni por asomo llegar al 10 de septiembre, fecha límite. Son conscientes de que en otoño hay que negociar, debatir y aprobar un presupuesto de 22.000 millones de euros, y la posibilidad de tener que prorrogar los actuales con un cambio de estructura de gobierno y de políticas era inasumible.

La virtual nueva presidenta regional ha actuado como muñidora de la negociación a nivel autonómico y como pegamento entre dos partidos que ni se miran a la cara. «Ha tenido una gran paciencia y serenidad, sobre todo en estas tres últimas semanas», indica una persona de su entorno. Se le notó incluso un cambio en su tono, en su actitud, mucho más institucional y «presidenciable». Se jugaba mucho.

Aunque parezca lo contrario, la investidura sin candidato vino bien al PP: Vox renunció a entrar en el Gobierno y, además, se partió de cero en una situación más que enquistada, en la que finalmente Monasterio ha tenido que ceder en los asuntos más polémicos. «Es que en Madrid los derechos LGTBI y la inmigración no son problemas», insisten los populares. El otro ganador de la partida es IgnacioAguado, el futuro vicepresidente por Ciudadanos, que ha logrado no ceder en sus postulados y, además, ha conseguido no aparecer en la foto firmando el documento final con Vox.

El documento final

Hubo un parón de contactos que duró quince días, que sirvieron a cada uno para poner en orden las ideas. Monasterio pasó unos días en Comillas, con su familia, y a la vuelta se habló de desbloquear la situación. El lunes 22 de julio, primer día de la investidura fallida de Sánchez, Ayuso se reunió con su grupo parlamentario y con el Consejo de Gobierno en funciones. Trabajó un documento alternativo al de Vox, que se lo pasó a este partido y a Cs. Hizo un llamamiento a Monasterio y a Aguado para reunirse a las diez de la mañana siguiente. El portavoz naranja no acudió y se quedó en la cafetería de la Asamblea. En ese dosier ya se eliminaban las cuestiones más controvertidas: la derogación de las leyes LGTBI, el pin parental, la deportación de inmigrantes, la violencia intrafamiliar...

Los días siguientes, el móvil de Ayuso echó humo. Las llamadas eran constantes. La candidata del PP, además, recurrió a sus buenas relaciones, incluso amistades, que tiene con gente de Ciudadanos y Vox. Se acordó un pacto de silencio: ni una declaración pública. El acuerdo se acercaba y no había que dar un paso en falso. El 31 por la tarde quedó todo perfilado y Ortega-Smith (no Monasterio niEspinosa), desde el Congreso, anunció que no habría repetición de elecciones. A la mañana siguiente, hay acuerdo. Cae el telón.