Llega el «superbotijo»

Con tecnología «punta» -una caña, un plástico con dos puntas y un cuchillo gastado- y sus manos, el alfarero en tercera generación Cayetano Pérez volvió a superar un récord mundial

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TEXTO: MABEL AMADO FOTO: FRANCISCO SECO

MADRID. Y con ésta ya son cuatro las veces que este alfarero pacense ha incluido una de sus creaciones -en concreto, «superbotijos»- en el Libro Guinness de los Récords. La primera fue en 1994, en Navalmoral de la Mata, y la última ayer mismo, en plena plaza de la Comendadoras de Santiago.

Con motivo de la XXVI Feria de la Cacharrería de Madrid, y bajo el auspicio de la Asociación de Tiendas de Alfarería de Madrid y el Ayuntamiento de la ciudad, numerosos curiosos se acercaron hasta esta céntrica e histórica plaza para descubrir los misterios de una técnica tradicional que ha sobrevivido en plena era tecnológica. No olvidemos que los botijos siempre tuvieron una especial vinculación en Madrid por las fiestas de San Isidro.

Pasadas las once de la mañana, bajo un sol de justicia, Cayetano Pérez comenzaba a preparar la base; eso sí, un poco cóncava para evitar el riesgo de rotura. Con el boceto cerca, toma medidas para conseguir un diámetro de 1,10 metros, una altura de entre 1,50 y 1,60 metros y una capacidad para 450 litros de agua. Con todo, superará en catorce centímetros al hasta ahora considerado como el más grande, también construido por él en 2004 y que luce orgulloso en su alfarería de Salvatierra de los Barros.

Aunque hubo algún que otro problema nada más comenzar, Cayetano es hombre de recursos, y en poco más de seis horas supo dar hechura «monumental» a 150 kilos de arcilla roja traída de los «barreros» de su pueblo. Primero sacando tiras de pella de la estrusionadora -mecanismo similar a una churrera que evita dar la forma a mano- y luego situándolo sobre la base.

Torno tradicional de pie

Así, poco a poco, con mimo y paciencia, el botijo fue creciendo entre vueltas de un torno tradicional de pie. La técnica que emplea este alfarero de tercera generación -comenzó el oficio su abuelo, allá por 1910- se conoce con el nombre coloquial de «churros». Alisando con la esponja cada tira, con presión constante y ligeros toques de mano, caña y hasta de utensilios realizados por él mismo -«tecnología punta, como puedes ver», bromea entre vuelta y vuelta de torno- el botijo va alcanzando altura y diámetro. Aunque todavía corremos el riesgo de que salga alguna burbuja y reviente la arcilla...

Como el tiempo corre, no se pueden esperar los dos o tres días necesarios para que la creación se seque al aire. Por eso, se recurre a un quemador de gas que acelerará el proceso.

Tras casi diez horas de trabajo y calor, a las nueve de la noche concluyó la obra y Cayetano mostró orgulloso su «botijo colorao» de grandes dimensiones. De nuevo otro récord.

Ya hoy domingo, la protagonista será su mujer, Paqui, a quien Cayetano ayudará en el bruñido -decorado- de la colosal pieza. Será mediante un proceso de «pulido» y «rameado» para conseguir motivos florales y que llevará entre cinco y seis horas de trabajo.

Finalmente, tras concluir la decoración, el botijo será embalado con sumo cuidado y trasladado a Salvatierra de los Barros, donde se cocerá en un horno tradicional de leña.

Pero para quienes no hayan seguido este singular proceso, la Feria de la Cacharrería ofrece más alicientes. Y es que, hasta el 21 de mayo, se podrán admirar -y comprar- piezas seleccionadas de más de sesenta centros alfareros de toda España. Platos, fuentes, jarros, huchas, cántaros, tinajas, lebrillos, y, por supuesto, botijos son algunos de los productos que esperan al visitante en la emblemática plaza de las Comendadoras de Santiago. ¿Alquien desea agua fresquita...?