Listos en barcelona

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En Barcelona viven dos tíos listos: uno es Perico Gimferrer, el poeta que ha enseñado a la «high-life» que el catalán aplicado a cosas graves no es ordinario; el otro es Johan Cruyff, el futbolista que ha rellenado de borra holandesa el ego culé, que marcha francamente, Zapatero el primero, por el camino del «Estatut». Gimferrer, ahora, está por la cosa de los toros, ya que él detesta el fútbol, en cuyas manifestaciones cree ver gérmenes de fascismo. Cruyff, que vive en Barcelona porque en Ámsterdam todo el mundo es tan listo como él, es seleccionador de Cataluña, el segundo cargo más importante de la región, después del de Muy Honorable Presidente. ¿Ruritania para los ruritanos? Cataluña para un andaluz y un holandés. Al holandés no lo quiso en su día Bernabéu «porque no me gusta su jeta», y acertó. Costaba un Potosí y el Madrid tenía entonces todo lo que hoy tiene el Barça: la cuadra arbitral, potra y el No-do, que ahora se llama otra cosa. «El Barça juega mil veces mejor que el Madrid», dijo Cruyff para animar a sus vecinos de urbanización, para quienes los disparates del holandés pasan por sabios proverbios. Luego, en el campo, un Madrid pésimamente dirigido por una tertulia de poetas -Valdano, Pellegrini y Pardeza- puso en evidencia al Mejor Equipo de la Historia y su fútbol de caramelo Toffe que se pega a las muelas. Pero a los culés les gusta masticar, y les da igual un rondo de Xavi que un artículo del «Estatut», porque de lo que se trata es de masticar. Mas ¿cómo masticar chicle y bajar una escalera al mismo tiempo? Hasta que el árbitro -un señor de la Casa- no pitó el final, Cruyff tuvo «la carne de gallina», que es su frase más redonda. En parecidas circunstancias -un funeral-, Ruano decía, quizás de su época de Sitges, que se le ponía no sólo la carne de gallina y los pelos de punta, sino la gallina de carne y la punta de pelos. La derrota del Madrid en Barcelona fue completa: perdió los puntos y la oportunidad de quedarse sin un entrenador que es una pena.