Un grupo de alumnos, durante las tareas de limpieza
Un grupo de alumnos, durante las tareas de limpieza - JAIME GARCÍA

Lección de civismo infantil en Orcasur

Niños del colegio Ciudad de Jaén limpian el barrio en el Día Mundial contra el Cambio Climático

MADRIDActualizado:

Los niños fueron, por una vez, los profesores. En este caso, alumnos del colegio Ciudad de Jaén, del madrileño barrio de Orcasur, son los que enseñaron a los mayores el significado de palabras como civismo, respeto y limpieza. Y lo hicieron escoba en mano, saliendo a su barrio a recoger aquello que los adultos «olvidan» echar a las papeleras. Fue su particular homenaje al medio ambiente en el Día Mundial contra el Cambio Climático: limpiar y reciclar a conciencia.

Niños de 4º, 5º y 6º de Primaria del centro escolar se armaron con sus pertrechos, y con escobas, bolsas de plástico, guantes y mascarillas se lanzaron con el entusiasmo propio de su edad a dejar como una patena la plaza del Pueblo de Orcasur y el cercano Centro Caracol, con sus bajos comerciales no siempre todo lo recogidos que sería deseable.

Hasta allí les llevó la acción pedagógica de una de las profesoras del centro, Cristina, empeñada en suplir las carencias del barrio con ganas y buenas ideas. En este caso, pensó en la mejor manera de hacer entender a los niños porqué era importante mantener limpio el entorno, evitar los plásticos, reciclar los materiales. Y la lección pasó así de la teoría a la práctica.

«Hemos estado trabajando en estos temas toda la semana, hablando del reciclaje». Una vez sembrada la base teórica, se imponía pasar a la acción. Para ello, la profesora organizó a su pequeño ejército: «Hemos formado grupos: unos se encargaban de recoger envases, otros restos...».

Los chavales, de entre 9 y 11 años, se fueron sumando a la iniciativa a medida que esta iba tomando cuerpo. «Primero iban a ser dos aulas de 5º y 6º, pero al final se han animado más», explica Cristina.

La idea era tan sencilla como directa: llevar a los chavales hasta la plaza, cercana al centro escolar, para realizar allí una limpieza de las calles, algo que sin duda «tiene un impacto social sobre la gente que está allí». Ver a los alumnos con sus bolsas recogiendo las colillas de ese cenicero del coche que algún desaprensivo ha decidido vaciar sobre el asfalto, en lugar de hacerlo en la papelera, es sin duda un motivo de reflexión para cualquier adulto que lo vea. «Es una iniciativa con un impacto educativo, pero también social», afirma la docente.

El proyecto, además, contó enseguida con apoyos externos. Entidades de la zona como la asociación de vecinos, el grupo ecologista poblado Verde en Acción, del Poblado Dirigido de Orcasitas, mostraron su solidaridad, y el supermercado Covirán ofreció las bolsas de plástico que usaron los niños y la lejía con la que los mayores adecentaron los bajos de la zona comercial.

Además, la Junta Municipal ha cedido una estructura en forma de iglú que quedará expuesta en la zona con carteles hechos por los propios chavales en los que explican qué les gusta de su barrio y qué cambiarían en el mismo. Otra llamada a la reflexión en una zona especialmente castigada por el desempleo y que aún mantiene su histórico espíritu reivindicativo.