Ladrones de «oro negro»

POR M. J. ÁLVAREZ
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MADRID. Es un goteo constante. Llevan una década actuando del mismo modo, por oleadas esporádicas, si bien con la subida del precio del crudo sus acciones han vuelto a resurgir en los últimos tiempos. Son los ladrones de «oro negro», especialistas en sustraer de los vehículos pesados el combustible. Suelen actuar al amparo de la noche para que sus acciones pasen desapercibidas en explanadas, zonas alejadas o polígonos industriales donde estacionan los camiones.

Sus objetivos: los municipios de la Comunidad o la capital, donde se presente la oportunidad, aunque han centrado sus acciones más recientes en la zona este y norte de la región, en lugar de la sur de hace un par de años. Los cacos del gasoil son inmigrantes, generalmente rumanos o, gitanos, tanto de esa nacionalidad como españoles.

El «modus operandi» es simple: varios individuos se desplazan hasta un determinado lugar a bordo de sus vehículos. En el maletero llevan todo el material necesario para sustraer el combustible, generalmente gasoil, de los camiones, por tener una mejor salida en el mercado. Tras forzar el sistema de apertura de los depósitos, utilizan gomas o motobombas para extraer el carburante, que depositan en garrafas.

Ese es el procedimiento más común, según explicó la Guardia Civil. En algunas ocasiones, la pericia de los ladrones es tal que ni los propios conductores llegan a percatarse de lo sucedido. No dejan nada violentado en el vehículo y, cuando la víctima comprueba que no tiene combustible, lo achaca a un despiste. Menos frecuente es la comisión de este tipo de robo a mayor escala: en los propios depósitos de las estaciones de servicio o en los vehículos encargados de transportar el gasoil. En esta línea, destaca lo ocurrido a finales de agosto pasado, cuando los «cacos» realizaron la sustracción en el oleoducto Rota-Zaragoza.

Sucedió el día 25, cuando un representante de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), propietaria de la conducción, acudió al puesto del Instituto Armado en Meco, denunciando que desde hacía días notaban una pérdida de presión en la conducción que distribuye gasolinas. La toma ilegal se localizó en Santos de la Humosa, donde se pilló «in fraganti» a dos rumanos cuando transportaban varias garrafas vacías de cien litros que se disponían a llenar. Los primeros cálculos cifraron lo robado en 35.000 litros.

El destino del producto es su venta o el abastecimiento de los autores de los robos. A pesar del goteo de estos delitos. las fuentes consultadas indican que no llegan a la repercusión del robo de cable de cobre.