Karaokes, discotecas y kin

C. HIDALGO | MADRID
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Es conocido bajo un nombre prosaico. Detrás de sus puertas, un local de ocio más. Pero también esconde lo que se ha considerado como el «cuartel general» de las tríadas chinas asentadas en la capital.

Allí se rinde pleitesía al «capo», pero también se perpetran los ajustes de cuentas a miembros insurrectos de estos grupos. Se aprovechan de que Madrid es el centro neurálgico del país para acudir allí miembros de otros clanes. A los disidentes, al más puro estilo mafioso, se les pide que rindan cuentas mediante brutales agresiones: la amputación de una mano, del meñique o de las orejas mediante una catana.

El caso más recordado es el crimen de Song Yue, un ciudadano chino que murió asesinado a las puertas de un karaoke a finales del junio de 2005. Pero no es el único. En el año 2003, un hombre perdió una de las manos y otro, meses después, un ojo a causa de estas particulares torturas chinas, nunca mejor dicho.

A finales del año 2000, el portero del establecimiento fue tiroteado en presencia de su hermano y de varios clientes. Tres chinos le acribillaron a balazos porque la noche anterior, la víctima, Rafael Ángel Barrero, de 23 años, el dueño del local y otro camarero expulsaron a varios clientes orientales tras un altercado. Los agraviados enviaron presuntamente a tres sicarios para resolver, a su manera, el asunto. Así de claro.

Sicarios

Y a dos sicarios pagados por la mafia china buscó también la Policía para esclarecer la muerte de Xin Min, en agosto de 2000, propietario de un restaurante de Alcalá de Henares. Su cuerpo apareció atado y cosido a puñaladas en el congelador de su establecimiento. La víctima había recibido amenazas por negarse a pagar el «impuesto» que le exigían los miembros del clan enemigo.

Son sólo tres nombres de lo que supone hacer una afrenta, incluso de honor, a la mafia «amarilla».

El último suceso luctuoso en el que se ha visto involucrada una persona de esa nacionalidad tuvo lugar el pasado 3 de agosto. La víctima celebraba su 35 cumpleaños en una discoteca frecuentada por chinos del barrio de Santa Eugenia (Villa de Vallecas).

En la pista de baile

Recibió tres disparos que le dejaron tirado en la pista de baile. Un año antes, otro ciudadano de origen asiático fue asesinado en el mismo disco-pub.

Ya en marzo de 1994, la Guardia Civil culminó con éxito la llamada operación «Karaoke», que se saldó con 78 detenidos, entre ellos el cabecilla de la tríada, y nueve talleres clandestinos «reventados». Se registraron un total de 17 locales de esta comunidad.

Amenazas por una película

Las coacciones llegaron en su día, incluso, a los responsables de la película «La fuente amarilla». El argumento del filme, de 1998, no gustó a la mafia: una chica hispano-china, hija de padres asesinados, y un joven retraído, que se introduce en el mundo de las tríadas. Se repartieron pasquines amenazantes entre locales frecuentados por esta nacionalidad e, incluso, el director de la película, Miguel Santesmases, recibió llamadas intimidatorias.

Hace apenas cuatro meses, el Grupo XX de la Udyco de Madrid desarticuló un clan chino que se dedicaba a importar, «cocinar» y vender una extraña droga, el kin, que hace furor entre los chinos. Su apariencia es parecida a la de la cocaína, pero, para hacerla más atractiva, está «sazonada» con condimentos asiáticos. Los efectos del kin, que sólo se vende en el hermético mundo del ocio chino, son alucinógenos.

La operación se desencadenó porque la Policía tuvo conocimiento de que hubo una partida que en Sevilla provocó vómitos a todos sus consumidores. Pero se estaba preparando algo peor: en la «cocina» de Torrejón de la Calzada se quemó otra partida de 3 kilos del estupefaciente, por lo que había que acelerar el dispositivo antes de que llegara al mercado y matara a sus consumidores.