Ignacio Aguado
Ignacio Aguado - EFE

Investidura AyusoIgnacio Aguado: un vicepresidente con hambre de gobierno

De marcarle el paso al PP en la pasada legislatura pasa a cogobernar con ellos intentando distanciarse del otro socio, Vox

MADRIDActualizado:

Su hijo Guille se ha convertido en el centro de su vida: un vídeo muestra al niño, en la pasada campaña electoral, señalando con el dedito la cara de su papá en los carteles electorales. Pero ni eso ha logrado distraer a Ignacio Aguado (Madrid, 1983) de su objetivo: gobernar la Comunidad de Madrid. Llegó hace cuatro años a la política activa con sólo 17 diputados, siendo la menor de las fuerzas en la Cámara madrileña. Y consiguió convertirse en la llave que abría y cerraba al PP la posibilidad de, por ejemplo, aprobar los presupuestos. A Cifuentes, siendo ella presidenta y él su socio de investidura, le dio más de un disgusto. Habrá que ver ahora cómo se desarrolla su cohabitación con Díaz Ayuso, ya compartiendo gobierno.

Aguado tiene una mente privilegiada -estudió tres carreras simultáneamente: Derecho, Administración y Dirección de Empresas y Ciencias Políticas y de la Administración-. Y una extraña habilidad: es capaz de mantenerse frío como el hielo en la situación más adversa. Armado con esa destreza y no poco desparpajo, logró sacar de sus casillas en alguna ocasión a la ex presidenta Cifuentes, por ejemplo cuando le «reventó» la rueda de prensa de presentación de los presupuestos de 2016, adelantándose a anunciar las principales novedades en lugar de dejarle este papel a la jefa del Ejecutivo.

Durante este último periodo, también se ha demostrado un buen negociador: ha logrado seis de siete consejerías, incluida la portavocía y algunas de las más vistosas -como Cultura o Transporte-, sin ceder en su idea de no firmar un pacto a tres con Vox, y sin que éste partido ocupara puestos en el ejecutivo, ni en consejerías, ni en entes ni -como él mismo dijo- en «entos».

Predicar y dar trigo

Ahora tendrá que demostrar que además de predicar, también sabe dar trigo: su mayor dificultad será conseguir que en los cuatro años de gobierno, su papel y el de su grupo no se difumine con el de la popular presidenta. Para evitarlo, y sacarle todo el partido a su posición como vicepresidente, cuenta con un as en la manga: el ex jefe del Ejecutivo autonómico Ángel Garrido, que dejó el PP y se integró en Ciudadanos unos días antes de iniciarse la campaña electoral, y que podrá aportarle luz en la maraña de la administración autonómica.

Su obsesión es la «política útil», que le sirva a las personas. Con esta idea, ha llevado adelante iniciativas como la Ley de Gratuidad de Libros de Texto, o la eliminación de tasas en las escuelas infantiles públicas. Pero también ha desquiciado a sus socios de investidura populares echando abajo, por falta de apoyo, la Ley de Suelo o la de Farmacia. Los populares han denunciado que la mayor parte de las veces, han votado con el PSOE y/o con Podemos, en lugar de con ellos. La capacidad camaleónica de transformación de Aguado y de Cs les ha hecho escurridizos e imprevisibles cuando no gobernaban. Ahora se verá cuál es su comportamiento cuando se sienten en el Consejo de Gobierno.