Un año de la explosión en La Paloma
Historias de una parroquia sepultadas por escombros: «Es difícil entender por qué pasó, pero la fe ayuda»
Dos misioneros y un miembro del grupo de teatro recuerdan las vivencias en el inmueble de la calle de Toledo
En la tragedia, provocada por una fuga de gas hace exactamente un año, perdieron la vida cuatro personas
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Iniciar sesiónUna nube de polvo tiñó de marrón la calzada de la calle de Toledo . El cielo dejó de verse en las calles del sur del distrito de Centro; en el suelo, se sucedieron los escombros de un edificio que saltó por los aires ... y del que solo quedó el esqueleto, hubo cristales rotos por el estallido y coches destrozados. El miedo y la incertidumbre se desataron entre los viandantes y los vecinos de una vía pública devastada, que aún sufría los últimos efectos de la borrasca Filomena . Era miércoles, 20 de enero de 2021, y el corazón de Madrid se detuvo a las 14.56 horas, cuando una fuga de gas provocó una explosión en la casa parroquial de la Virgen de la Paloma en la que cuatro personas –Rubén Pérez, David Santos, Javier Gandía y Stefko Ivanov– perdieron la vida.
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Un año después, paneles de aluminio protegen el exterior de la fachada destruida del número 98, y una red trata de evitar que los cascotes más rebeldes puedan caer por el hueco de lo que antes era la escalera, ahora un amasijo de ladrillos descubiertos. Lo único que la explosión no consiguió quebrar fue el espíritu de solidaridad y fe del inmueble , sentimientos presentes en aquellos que todas las semanas caminaban por las estancias de las seis plantas, como María Teresa, Ignacio y Josemi, misioneros y participantes en las actividades que se desarrollaban en una casa parroquial que cambió sus vidas, respectivamente.
Ignacio, nombre ficticio para evitar posibles represalias en el país del sudeste asiático en el que ejerce como misionero, comenzó a acudir a la parroquia de La Paloma cuando era tan solo un niño, acompañando a sus padres. «Me ayudó a saber pedir perdón », resume el madrileño, sobre sus experiencias en el templo, que lo llevó a «descubrir y vivir la fe».
Él conocía a dos de las víctimas mortales: Rubén, sacerdote, y David, feligrés. «Son de mi comunidad, de mi edad. En el momento de la explosión, la vida se para en seco y hace que te replantees la existencia », explica sobre el fatídico día. «Lloré por ellos, recé por ellos. No se sabía nada en ese momento. Es difícil entender por qué pasan esas cosas, pero la fe ayuda a vivir la realidad sin huir », confiesa en el interior de la iglesia en la que ha pasado la mayor parte de su vida, y en la que conoció a su mujer, también misionera y a punto de dar a luz.
Pasado y presente
Su pasado no fue sencillo, pero todo lo ha dejado atrás. «Estudié Geología, quería triunfar. Pero no encontré trabajo y me convertí en mozo de almacén . Me refugié en la pornografía y los juegos de rol», afirma, sin lamentarse ni avergonzarse. «Era un muerto andante, pero después el Señor me invitó a vivir la fe desde Jesucristo . Salí de mí mismo, y gracias a esa fe empecé a ir por el buen camino», añade. En 2014, partieron a la misión como parte de un equipo de catequización y réplica del mensaje de Dios.
El edificio cambió también la vida de María Teresa, que atiende a ABC desde Pachacutec, una de las zonas más pobre de Perú, a las fueras de Lima, donde dirige una fundación desde 2018. «Decidí dejar de trabajar y dedicarme a ayudar a las personas desfavorecidas, para que tengan alguien a su lado que les ayude, les dé de comer y les haga sonreír », asegura la mujer, natural de Burriana (Castellón). Con 18 años se trasladó a Madrid para estudiar Farmacia y, luego, ya doctorada, se especializó en Química Orgánica. María Teresa trabajó en investigación sobre contaminación atmosférica en el Instituto de Salud Carlos III , pero apostó por dar un vuelco a su vida.
«He recibido tanto de la parroquia durante tantos años... Es en la que vivo la fe», dice. «Hace un año, una sobrina me envió una foto en la que salía el humo. Estuve en vilo. Conozco a Rubén y David desde críos, a sus familias, son amigos de mis sobrinos. Lo viví con mucha tensión, preocupación y tristeza. Pensaba en qué podía haber pasado y dónde estaban», resume sobre la jornada de la tragedia.
En Perú trabaja en una zona desértica en la que existen 160 asentamientos con más de 300.000 personas que viven en barracones de madera. La fundación Pachacutec les proporciona alimentos, escuela y la posibilidad de estudiar una FP o carreras universitarias. «Todos los días hay problemas y sufrimiento. Pero las cosas salen adelante gracias a Dios», concluye.
Y de Perú a las cárceles de Valdemoro y Soto del Real, porque tras las rejas también llega la acción de la casa parroquial. En 2019, un centenar de personas accedió a las prisiones para representar el musical ‘Más fuerte que el odio’, adaptación del libro de Tim Guénard. Los miembros de la comunidad religiosa crearon la obra desde cero: guiones, música, iluminación, vestuario... «Primero, la representamos en la parroquia, pero el capellán de Valdemoro nos vio y quiso que fuésemos a la prisión», comienza a contar Josemi, que ahora forma parte del equipo directivo del grupo de teatro . «Dura dos horas y media y cuenta la historia de desesperación de un campeón de boxeo que recibe un golpe más fuerte que el odio: la experiencia del amor », dice el joven. «Fue el mejor público que hemos tenido», subraya. La pandemia frenó la expansión del grupo teatral, que quería representar también en centros de menores.
Trescientos sesenta y cinco días más tarde, Toledo, 98 se mantiene en pie gracias a todos los que desean volver a recorrer la edificación y al recuerdo de Rubén, David, Javier y Stefko.
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