Sucesos

Los golpes que hicieron del histórico «Niño Sáez» un delincuente millonario

Acumulaba más de un centenar de antecedentes y fue detenido en más de 50 ocasiones. Su carrera delictiva acabó de tres balazos en su territorio: la Puerta del Ángel

MadridActualizado:

Tres de los cinco balazos le alcanzaron una mañana de domingo, víspera de San Isidro, cuando venía de visitar a su madre. Los disparos de un matón contratado para tal fin acabaron con la vida de uno de los delincuentes más prolíficos, peligrosos y escurridizos de la Comunidad de Madrid: el «Niño Sáez», de 36 años (diciembre, 1980).

Lo más probable es que viera al homicida o sospechara, dadas la medidas de seguridad que tomaba desde que le dieran un «aviso» por una de sus numerosas cuentas pendientes relacionadas con los «vuelcos» de la droga en los que se había metido últimamente, sin dejar los otros palos que seguía tocando.

Sea como fuere, el historial delictivo del mítico, entre el «gremio», Francisco Javier Martín Sáez, se forjó cuando era apenas un adolescente en su barrio de la Puerta del Ángel (Latina) tras echar los dientes en Pinto. Se echó amigos en Villaverde y Vallecas, cuna de alucineros, modalidad en la que se convirtió en todo un maestro, como después lo fue del butrón. Lo suyo era obtener dinero fácil y de la manera más rápida posible.

Butrón en una joyería de Ferraz, 2013
Butrón en una joyería de Ferraz, 2013 - ABC

Experto conductor, lograba escapar de la Policía debido a los coches que utilizaba (de alta gama y robados, para sus «palos»), a años luz de los de los agentes. Especialista en reventar cajas fuertes con oxicortes y lanzas térmicas, sus «golpes» se caracterizaban porque casi siempre lograba su objetivo y no empleaba la violencia, por lo que sus estancias entre rejas eran cortas, dada la benévola ley respecto a los robos con fuerza.

Pronto la región se le quedó pequeña y amplió sus fronteras en el mundo del hampa

Joyerías, inmobiliarias (en una de las cuales se apoderó de 500.000 euros), restaurantes, concesionarios, empresas de bebidas, paquetería,... su lista de asaltos en los que obtenía grandes botines le engrandecían ante sus adeptos, que le describían como alguien que «jugaba limpio» dentro del mundo del hampa. Todo un «profesional» eso sí, con los bienes ajenos. Pronto la región madrileña se le quedó pequeña y decidió ampliar sus fronteras. Los agentes no dejaban nunca de pisarle los talones y en algunas de sus arrestos acudió más de un centenar.

El que fuera uno de los mayores ladrones de España atesoró una gran fortuna que invirtió en Bolsa y en inmuebles en nuestro país y en Marruecos, justo en la misma zona que el rey Mohamed VI. Tenía también más de una treintena de cuentas bancarias, empresas, y eso sí, casi todos sus bienes no estaban a su nombre. Fue muy previsor. Y todo ello, antes de introducirse en el proceloso mundo de los estupefacientes. Todos sus oscuros negocios le situaban en el punto de mira de los enemigos que se habían creado en los diversos frentes abiertos que tenía.

Uno de sus golpes más sonados fue el robo de 169 kilos de droga, la mayoría coca (120), en el depósito judicial de Málaga. Corría el 14 de noviembre de 2011. Fue un salto exponencial en su carrera delictiva. Estuvo en prisión preventiva. Aún no hay sentencia, ya que el juicio se celebró en marzo pasado. Al «Niño» ya le condenaron a muerte el 14 de mayo pasado.

Presumía de coches de lujo a nombre de testaferros, estaba obsesionado con el gimnasio, amante de las mujeres, se pavoneaba también de la cantidad de agentes que llegó a tener detrás en operaciones como «Bravo», «Ciclo», «Culata»... No sabía qué hacer con el dinero ni él ni algunos de su banda como «El Troll».

No descansaba ni en «vacaciones»

Comenzó a parar en Ibiza, lugar donde le gustaba veranear a todo trapo, y donde seguía delinquiendo. En 2015 a él y a su banda se les consideró responsables de una veintena de robos. Entre ellos, el asalto al Café del Mar, al Beach Housey, así como el Kilómetro 0 y varias empresas inmobiliarias. En algunos casos, lograron botines de hasta 50.000 euros. Ese verano fue detenido por robar decenas de botellas de oxígeno líquido en el Hospital de Can Misses en 2014. Las utilizaba para reventar cajas fuertes. Además, en uno de los ferrys que le llevó hacia la Isla Pitiusa con sus amigos y «cómplices» en una ocasión se apoderó de todo el dinero de la caja. Allí se convirtió en uno de los sospechosos del robo de 400.000 euros en una discoteca ibicenca. No se probó.

En octubre de 2015 fue detenido con dos cómplices cuando estaban robando un coche de alta gama (BWV X5) en las inmediaciones de La Moraleja. Viajaba en otro, modelo 320, también sustraído. En el maletero hallaron todo tipo de objetos para robar.

En 2013, se hizo con un botín de 800.000 tras el robo de una joyería de la calle de Ferraz (Moncloa) y en noviembre de ese año fue arrestado cuando intentaba robar en otra de la calle de Ricardo Ortiz (Ciudad Lineal).

Su cadáver sobre el asfalto
Su cadáver sobre el asfalto- M. BALANYÀ

El «Niño Sáez» y su grupo, experto en reventar cajas fuertes y de seguridad, fueron apresados en noviembre de 2005 en el marco de la operación Bravo. Obtuvieron un beneficio de 50 millones de euros que se dice pronto. A los 17 arrestados se les imputaron 64 delitos graves, entre otros, asociación ilícita, estafa y blanqueo de capitales. En el botín había de todo: armas, coches, motos, joyas, relojes, material informático y electrónico, perfumes, ropa de marca, dinero en efectivo... Meses después, Martín Sáez (y buena parte de su grupo) estaba ya en la calle.

«No ha matado a nadie porque no ha tenido ocasión. Partió un coche policial y los agentes se salvaron porque saltaron», dice un agente

Sus noticias llegaron con un nuevo arresto por atentado contra agente de la autoridad. Corría el 23 de marzo de 2006. Él y un compinche arrollaron a un coche patrulla de la Guardia Civil con tal violencia, que partieron el coche en dos. Salvaron la vida porque saltaron del vehículo. «No ha matado a nadie porque no ha tenido ocasión; este episodio fue milagroso y da buena cuenta de ello», explica un agente que le conocía bien.

En 2009 «El Niño» volvía a caer en la operación Ciclo. Entonces se le imputaron a él y a su banda 16 delitos. Salió en libertad después de declarar.

Esta vez cayó del todo en la calle, herido de muerte por tres tiros que le alcanzaron la axila y el cuello. En su casa no hallaron droga; «solo 7.000 euros», una cantidad pequeña para todo lo que atesoraba. El «Niño Sáez» deja un hijo de 13 años, dos hermanas menores, unos padres sexagenarios y a los suyos, sus «cómplices» consternados e inquietos. No saben aún quien se la ha jugado y por qué.