Una mujer, en un piso burdel de Delicias - RAFA ALBARRÁN

Golpe a las «fiestas blancas» de prostitución y cocaína

La Policía acaba con una de las mayores redes de explotación de chicas, a las que obligaban a vender droga a clientes

MADRIDActualizado:

La Policía Nacional ha asestado un duro golpe a una red conformada por al menos tres personas y que era, probablemente, una de las más importantes en la explotación de mujeres con fines sexuales. La operación Kube ha sido desarrollada por el Grupo VIII de la Ucrif de la Brigada de Extranjería de Madrid. El cabecilla de la organización, de nacionalidad española, ya está en prisión preventiva. Se le acusa de prostitución coactiva, también con menores, amenazas, estafa... Además, tiene antecedentes policiales también por estafa y un delito contra los derechos de los trabajadores.

La investigación, en la que también ha colaborado en los registros la Unidad de Guías Caninos, ha estado tutelada por el juzgado número 29 de Madrid. Se sospecha que la mafia podría llevar actuando desde hace año y medio, aproximadamente. El proxeneta principal, llamado Carlos y de 34 años, tenía dos compinches de excepción. Su pareja, una argentina que actuaba como «madame» y cancerbera de las chicas, y un dominicano que les suministraba la droga que luego daban a los clientes.

El cabecilla tenía alquilados cinco pisos en distintos barrios de Madrid, sobre todo en la zona sur, como Carabanchel y Aluche. Sus ganancias económicas eran por partida doble: cobraba 200 euros por habitación (cada vivienda tenía dos o tres piezas) y, además, se llevaba el 50% de los servicios a los que presuntamente obligaba a realizar a estas mujeres, todas de entre 20 y 28 años. A excepción de una menor, que roza los 17, precisaron a ABC fuentes del caso.

Amenazas por ser ilegales

Las pesquisas comenzaron en abril. El individuo español se encargaba de insertar anuncios en páginas web que se dedican a promocionar el negocio de la prostitución. Si bien en algunoso casos las chicas contactaban al ver esa publicidad (dejaba su número de contacto), él luego las coaccionaba con que, si no seguían a sus órdenes, las denunciaría por estar en situación ilegal en España (la mayoría de las víctimas son de origen suramericano) y las amedrentaba por su condición de transexuales en algunos casos. Un ardid totalmente falso porque aquellas mujeres que denuncien que son víctimas de la trata de seres humanos tienen la posibilidad de obtener la residencia legal en nuestro país. Y no son denunciables por ser personas transgénero.

La operación Kube fue explotada la semana pasada, con cinco entradas simultáneas a primerísima hora de la mañana en los pisos. Se hallaron 24 gramos de cocaína preparados ya en dosis; 60 de hachís (que vendían a los clientes para que lo fumaran en pipas); elementos y sustancias para el corte de los estupefacientes; documentación de algunas víctimas; 2.000 euros en efectivo; seis teléfonos móviles, y una cámara de fotos.

En cada piso podía haber tres o cuatro chicas ejerciendo contra su voluntad. Su «chulo», además, les pasaba la cocaína a los clientes, a 70 euros el gramo; a las muchachas les daba 10 euros por lo que se conoce como el «pollo» o la dosis vendida, aunque también las obligaba a consumir para incitar a los habituales de estos sórdidos lupanares.

De las cinco viviendas, cuatro estaban en plantas bajas, para llamar lo menos posible la atención de los vecinos, que podrían denunciarle. Uno de los registros se practicó donde vivía Carlos y otro en el del dominicano que le abastecía de la droga. Éste y la argentina quedaron en libertad con cargos, tras ser detenidos. A las casas donde esclavizaban a las jóvenes también acudieron expertas de la ONG Apramp, que se dedican a ayudar a prostitutas que quieren salir de ese terrible mundo.

Auge de los pisos-burdeles

Los especialistas policiales en esta lacra resaltan el auge, en los últimos años y en grandes ciudades como Madrid, de estos pisos-burdeles, que, además, dificultan la labor de investigación al no poder identificar a las muchachas y a sus proxenetas, a diferencia de los mayores controles que se pueden hacer contra la prostitución callejera y en los clubes de alterne, como ha venido informando este periódico.

Las mujeres que quieran denunciar pueden hacerlo en el teléfono 900 10 50 90, totalmente gratuito.