ABC/La gruta fue declarada monumento histórico artístico en 1944

El Gera rescata a tres jóvenes atrapados 20 horas en una cueva de la Sierra Norte

M. J. ÁLVAREZ/
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El aviso que dejaron a un compañero de trabajo de que si no se presentaban el viernes en sus puestos avisara a Emergencias 112 fue su salvación

MADRID. Un reto con final feliz. Así se resume la angustiosa historia protagonizada por tres jóvenes espeleólogos, de entre 21 y 23 años, durante la incursión que realizaron el jueves a la cueva del Reguerillo, situada en Patones. Todo comenzó la tarde del jueves a las 18 horas cuando se encaminaron hasta allí para afrontar un nuevo desafío: descender al tercer nivel del pozo, el paraje más profundo, estrecho y complicado; no en vano es conocido como «claustrofobia».

No obstante, fueron precavidos. Dejaron un aviso a un compañero de trabajo: «Si el viernes no regresamos, avisa a Emergencias 112, puede haber sucedido algún imprevisto». Y así fue. A las 8.20 horas de la mañana de ayer el receptor del mensaje marcaba ese número. De inmediato, se activó la búsqueda y se movilizó el Grupo Especial de Rescate en Altura de los Bomberos de la Comunidad (Gera). El problema era que no sabían si estaban dentro de la galería. Sin embargo, la Guardia Civil halló un vehículo en la boca de la cueva con la matrícula que facilitó el amigo de los espeleólogos. Ya sólo faltaba localizarlos.

A diez metros de profundidad

Cinco efectivos del Gera se introdujeron en la gruta, mientras un sexto se quedaba en el exterior, coordinando las tareas de rescate. Se adentraron en las galerías generales, más accesibles, y luego comenzaron a bajar en dos grupos. A las 14 horas, fueron, al fin, localizados. Habían rebasado la zona más complicada e inaccesible: la galería de la «claustrofobia», en la que una persona de 1,80 de estatura o, de estatura inferior, pero de complexión fuerte, no entra. Estaban en un pozo de unos 10 metros de profundidad, angosto y lúgubre, a sólo diez metros de una de las salidas que tenían marcada en un mapa.

Sin embargo, se perdieron, por lo que intentaron dar marcha atrás y remontar el pozo de nuevo. No lo lograron, ya que habían descolgado las cuerdas y era imposible. Ahí tuvieron que quedarse, hasta que fueron rescatados sobre las 16 horas, soportando temperaturas muy bajas y una intensa humedad. Tendieron los correajes en el suelo y se recostaron de lado, aunque no pudieron pegar ojo. Estaban en perfecto estado. La angustiosa aventura duró veinte horas.