El fuerte viento obliga a más de 250 salidas de los bomberos ##3 La caída de un árbol corta el tren entre Cercedilla y Segovia _ Sobre todo hubo árboles, antenas y paneles afectados A la gallega
EFE Efectivos del cuerpo de bomberos de Madrid, junto a un árbol que cayó anoche en la calle Islas Bikini, en el barrio de Peñagrande

El fuerte viento obliga a más de 250 salidas de los bomberos ##3 La caída de un árbol corta el tren entre Cercedilla y Segovia _ Sobre todo hubo árboles, antenas y paneles afectados A la gallega

Mayte Alcaraz
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I. S.

MADRID. Las fuertes rachas de viento que empezaron a soplar ayer en la Comunidad de Madrid sobre las seis de la tarde no tuvieron, afortunadamente, serias consecuencias. Lo más significativo al cierre de esta edición fue la caída de un árbol por el viento, que obligó a suspender la circulación ferroviaria entre Cercedilla y Segovia. Según informaron a Ep fuentes de la Red Nacional de Ferrocarriles Españoles (Renfe), la caída del árbol se produjo a la altura de la localidad segoviana de El Espinar sobre las 19.30 horas. Como consecuencia del incidente, el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (ADIF) se vio obligado a suspender la circulación ferroviaria entre Cercedilla y Segovia, por lo que los servicios de media distancia afectados se prestarán por carretera.

En el resto de la Comunidad, el fuerte viento llevó a los bomberos autonómicos y municipales a realizar más de 250 salidas entre las 18 y las 22 horas, aunque tampoco se registraron heridos ni incidentes reseñables.

Del total de salidas, unas 200 fueron realizadas por los Bomberos de la Comunidad por toda la región, según indicó una portavoz de Emergencias 112 Comunidad de Madrid.

El 90% de las intervenciones en los municipios de la región se produjeron también a partir de las 18, sin especial incidencia en ninguna zona. Sobre todo, los Bomberos de la Comunidad retiraron ramas, árboles caídos y antenas, sanearon fachadas y aseguraron carteles y paneles publicitarios que amenazaban con caer a la vía publica.

En la ciudad de Madrid, los bomberos del Ayuntamiento tuvieron un «nivel alto» de actividad. Según explicó un portavoz de Emergencias Madrid, los bomberos de la capital actuaron sobre todo en cornisas y fachadas, sujetaron antenas y aparatos de aire acondicionado, y retiraron ramas de árboles.

Chalé arrasado

Por otra parte, una vivienda unifamiliar de Molino de la Hoz (Las Rozas)quedó anoche completamente calcinada por un incendio, aunque las tres personas que estaban en la casa en el momento de iniciarse el fuego no sufrieron heridas ni tuvieron que ser atendidas por intoxicación por humo. Sin embargo, los daños materiales son numerosos.

El fuego se extendió muy rápidamente por el fuerte viento que soplaba en ese momento en toda la región debido al temporal.

No es que los políticos deban estar excluidos de la exigencia que a todos nos compete de cuidar el léxico, adjetivando con más cuidado las frases, sobre todo cuando se refieren a personas o colectivos. Es más, los servidores (?) públicos deberían ser, si cabe, más cuidadosos que el resto de los mortales eligiendo epítetos. Verbigracia: «manda huevos», «coñazo de discurso», «gilipollas de Blair», «coñazo de desfile», «hijoputa»... son exabruptos usados, a veces pública y otras privadamente, por quienes deben guardar una prudencia especial en su verbo. Es claro que todas esas perlas dialécticas no deben servir para elaborar un diccionario de sinónimos de los sujetos a los que se refieren, pero tampoco es menester lapidar a alguien por decir, como Rosa Díez esta misma semana, que Rodríguez Zapatero es «gallego» en el sentido más peyorativo de la palabra, refiriéndose claramente a que no sabe si va o si viene, si sube o si baja, si entra o sale.

Pero qué español, gallego o no, aquí o allende los mares (donde por cierto hay mucho gallego) no ha escuchado el clásico del gallego en la escalera. Si alguien tenía que haberse enfadado es Mariano Rajoy, por la comparación con Zapatero. A lo mejor es eso lo que les ha molestado a los que protestan: todos los gallegos del arco parlamentario, incluidos los socialistas. Que les equiparen a Zapatero. Ahí si se entiende la indignación.

Bien es verdad que lo que la ha faltado a la líder de UPyD es usar del mejor galleguismo, el de la mesura, para no ofender a nadie, ahora que nuestra vida pública expulsa todo aquello que no es políticamente correcto. Se nota que la buena valoración que tiene la líder de UPyD levanta demasiadas ampollas entre sus adversarios. No obstante, lo que parece claro es que lo peor que les puede pasar a esa indómita clase dominante es que les llamen políticos. Ese vocablo sí que suena a insulto. Así están las cosas.

PECADOS CAPITALES