Entrada de la confitería Embassy, en 1931
Entrada de la confitería Embassy, en 1931 - EMBASSY

El final de Embassy, la confitería que salvó a 30.000 judíos en la II Guerra Mundial

El histórico local, fundado en 1931, cierra sus puertas después de 86 años de servicio en la capital

MadridActualizado:

El depresivo Madrid de los primeros 40 fue también un Madrid de confidencias e intrigas, de espías con monóculo y actividades clandestinas. Bajo su privilegiada situación geográfica, asidero para los intereses de nazis y aliados, se esconden historias de diplomacia alternativa; doble cara del exclusivo Embassy. Esta confitería del paseo de la Castellana, que reunió a aristócratas, embajadores y agentes de inteligencia en torno a té, pastas y vigilancia, cierra sus puertas 86 años después.

La distinguida y exclusiva apostura británica del local, fundado en 1931, coloreó el plomizo paisaje de la ciudad. Fue la obsesión de Margarita Kearney Taylor, propietaria del mismo, que desde el inicio trató de convertir a la zona en una aproximación de los elegantes barrios londinenses, como Mayfair o Belgravia. Después, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, se afanó en dar refugio y salida a quienes huían de la Gestapo y las SS alemanas.

La confitería, convertida también en restaurante, recibió el nombre de «Embassy» por su proximidad con varias embajadas, especialmente con la británica y la alemana, ubicada esta última a unos pasos, junto a la genial iglesia de «Friedenskirche», en el actual edificio de IBM. Los intereses de ambas confluían en el exclusivo local, testigo de una calma tensa y superficial.

Acoso nazi

El despliegue nazi, dirigido por Paul Winzer, jefe de la Gestapo, y Hans Lazar, jefe de propaganda en España, aumentó el control y presión en la zona con la connivencia de Francisco Franco. Alemania, en ese sentido, llegó incluso a plantearse una invasión para satisfacer sus pretensiones estratégicas en el conflicto. Ante tal situación, Kearney Taylor, junto al embajador británico Sir Samuel Hoare, convirtió su local en un refugio para paliar la persecución sufrida por todo aquel que fuera contrario a los intereses nazis.

El sótano de Embassy, donde se hallaba un horno para la elaboración de los pasteles de la confitería, cobijó a miles de indocumentados que recibían atención, comida y algo de dinero. Se calcula que la embajada británica gastó más de 1.000 libras al día para acometer tal empresa, que eventualmente fue interrumpida por varios cierres del local. El ánimo de Margarita, irlandesa de elegante pero firme apariencia, no se arredró.

Respecto a los judíos, Embassy se constituyó como su salvación y oportunidad de huida. Franco nunca emprendió una política de persecución contra ellos, pero cualquiera que entrara ilegalmente en España estaba sujeto a arresto y deportación. Cerca de 30.000 personas fueron evacuadas, pese al acoso de la embajada alemana.