Un grupo de jóvenes quqe participan en las fiestas de la Paloma, en 1912
Un grupo de jóvenes quqe participan en las fiestas de la Paloma, en 1912 - RAMÓN ALBA

Las fiestas de La Paloma, en sepia

Recorrido fotográfico por la fiesta de la patrona popular de la capital, que se mantiene viva desde hace más de cien años

MADRIDActualizado:

Desde hace más, bastante más, de cien años, los madrileños celebramos La Paloma con fiesta y verbena. La acción de honrar el cuadro de la Virgen –hallado por casualidad por un grupo de niños a finales del siglo XVII y conservado por el buen criterio de una vecina, Isabel Tintero–, dio lugar a una tradición milagrera que acabó transformada en una devoción popular que aún perdura. Y mientras años, décadas y políticos de todo signo caían sobre la ciudad, la tradición de La Paloma se ha mantenido en pie, cada 15 de agosto, pese a que el resto de la ciudad atraviesa la canícula prácticamente sin pulso.

Cien años atrás, no sólo la iglesia, sino el barrio entero se engalanaba para la ocasión. Los patios de las corralas se adornaban con todo tipo de elementos, que incluían reproducciones de la Virgen, osos, madroños y guirnaldas. Grupos de chicos y chicas salían a la verbena, o de procesión, ellas cubiertas con mantones de Manila. Y a la salida de la iglesia de La Paloma, a la imagen la acompañaban niños vestidos de angelitos.

La fama de milagrera se la ganó La Paloma en el siglo XVIII. Primero, según citan varios autores, se produjo por gracia suya la curación del conde de Las Torres, cuya pierna estaba gangrenada tras una caída a caballo y corría peligro de muerte. Tras sus rezos a la Virgen, sanó de forma milagrosa.

«Misa de paridas»

La segunda ocasión trascendió a todo el Reino: un niño de ocho años, Fernando, de mayor Fernando VII, enfermó de escorbuto y se encontraba gravísimo. Su madre, la reina María Luisa, ofreció al pequeño a la Virgen de La Paloma, y al poco mejoró. Desde entonces, las colas en agradecimiento de su intercesión fueron tales que hubo que ampliar incluso los lugares de culto.

Otra tradición de años era la de celebrar allí la llamada popularmente «misa de paridas», la primera salida a la calle de las madres después de dar a luz.

También era habitual que las señoritas elegidas como reinas de la belleza acudieran al templo, a postrarse ante su altar, como recogía Blanco y Negro en sus páginas del 25 de agosto de 1912.

Cuentan que durante la Guerra Civil, y para evitar que se perdiera el cuadro de esta imagen tan querida por los madrileños, se hizo una copia que fue colocada en el altar, mientras el original se escondía en lugar seguro. Otros estudios añaden que un obrero, ignorando el cambio, se llevó la copia a casa pensando que era el original, también con intención de salvarla de cualquier daño.

Por La Paloma se repartían bonos de ayuda a los desfavorecidos en la iglesia de San Andrés; La Paloma fue inspiradora de una zarzuela, del maestro Bretón, en 1894; la verbena mantiene su esencia, con los caballitos antes y los coches de choque o la Jaula ahora, y cambiando el agua, azucarillos y aguardiente por fritanga y mojitos; los chulapos y chulapas repiten indumentaria desde hace más de cien años; y la iglesia de La Paloma volverá a ponerse hoy de bote en bote, para ver la emocionante bajada del cuadro que realizan los bomberos.

Recorrido

La procesión se iniciará a las ocho de la tarde. El recorrido comenzará en la Iglesia de la Virgen de la Paloma y seguirá por las calles Isabel Tintero, Gran Vía de San Francisco, Puerta de Toledo, calle Toledo, plaza de la Cebada, Puerta de Moros, Carrera de San Francisco, Calatrava y Paloma.