Carmena, tras ser investida alcaldesa de Madrid el 13 de junio de 2015
Carmena, tras ser investida alcaldesa de Madrid el 13 de junio de 2015 - ISABEL PERMUY

Dos fallos en el voto secreto para la alcaldía de Madrid permitirían gobernar de nuevo a Carmena

Los apoyos en la urna de Vox y Ciudadanos determinarán el futuro de la capital

Madrid Actualizado: Guardar
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El voto de los 57 concejales electos de Madrid para investir al nuevo alcalde o alcaldesa es en urna y secreto, como establece el artículo 71 del Reglamento Orgánico del Pleno. El próximo sábado, cada edil de la capital recibirá cinco papeletas con el nombre de los cabeza de lista de los partidos que han obtenido representación: Más Madrid con 19 escaños; Partido Popular con 15; Ciudadanos con 11; Partido Socialista con 8 y Vox con 4. Deberán meter en un sobre y luego en una urna el papel de la formación que apoyan. La de Manuela Carmena votará a su líder y los populares a José Luis Martínez-Almeida. De eso no hay dudas. Lo que haga el partido que encabeza Begoña Villacís, Cs, y el de Javier Ortega Smith, Vox, determinará el futuro de la capital.

El artículo 196 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de junio, del Régimen Electoral General establece que el nuevo regidor podrá ser elegido en primera votación al lograr una mayoría absoluta de apoyos (29). Si no los obtiene, se designa como máximo representante a aquel que encabece la lista más votada, esto es, Carmena (19 ediles). Otra variable es que en primera ronda haya dos concejales (el bloque de centro-derecha se quedaría a las puertas de la mayoría, con 28 escaños) del PP, Cs o Vox (que suman 30 juntos) que se confundan sin querer o adrede, que metan dos papeletas, que no introduzcan ninguna, que en vez de votar a Almeida pongan otro nombre o que se ausenten de la sala. En este caso, el candidato popular no obtendría la mayoría y la regidora en funciones repetiría.

Esta opción es posible si los tres partidos conservadores no alcanzan acuerdo. Cada uno votaría a su representante y, c omo planteó Vox hace una semana, el plan B pasaría por presentar una moción de censura a la alcaldesa en el menor tiempo posible.

En la sesión de investidura de 2015 el margen de error se reducía a un concejal. La sombra del « tamayazo» llevó al candidato socialista, Antonio Miguel Carmona, a proponer que la votación no fuera en secreto y se mostrara la papeleta antes de meterla en la urna ante las dudas de si los socialistas llegarían a investir a Carmena o alguno erraría dando el poder a Esperanza Aguirre, entonces capitana del PP en la ciudad. Al final no se produjeron sobresaltos en la votación y se mantuvo su esencia anónima.