Un hombre ofrece dinero a una prostituta en la calle de Montera
Un hombre ofrece dinero a una prostituta en la calle de Montera - DE SAN BERNARDO

La explotación sexual en Montera: prostitutas sin condón y con DIU

La Policía descabeza al clan de proxenetas rumanos más activo de la calle de la Montera

MadridActualizado:

Los agentes de la Ucrif de la Policía Nacional especializados en la lucha contra la trata de seres humanos han desmantelado al principal clan de proxenetas rumanos que hacían y deshacían a su antojo en la calle de la Montera. Como se sabe, es uno de los enclaves urbanos que, pese a su ubicación tan céntrica, más prostitución aglutina. Y las mafias de este país de Europa son las más poderosas en esta suerte de esclavitud del siglo XXI.

Los cinco detenidos, todos de la misma nacionalidad, conformaban un engranaje casi perfecto para hacer dinero a costa de estas muchachas. Su falta de escrúpulos, además, llegaba a límites inhumanos: las obligaban a acostarse sin usar preservativo (en el caso de que los clientes así lo quisieran, y subía el precio del servicio) y a llevar un DIU puesto, para evitar embarazos. No querían a ni una mujer encinta, porque sabían que así no les daba dinero.

Tras diversos golpes policiales en esa zona del centro, los agentes se habían percatado de que, desde hacía tiempo, una nueva mafia rumana estaba operando. Las seis mujeres rescatadas en este dispositivo tienen entre 19 y 31 años, y llegaban a España engañadas, con falsas promesas de trabajo en el sector de la hostelería.

Ya en nuestro país, los encartados también imponían a las chicas cómo vestirse, arreglándose con ropa provocativa y con el pelo teñido, para llamar la atención de los clientes. Fijaban las tarifas y la duración de los servicios sexuales, que debían de ser de un máximo de 15 minutos. Si se excedían de este tiempo, eran multadas. Además, las hacían «trabajar» once horas seguidas, sin descansos, desde las cuatro de la tarde hasta las tres de la madrugada, informa fuentes del caso.

Las obligaban a «trabajar» once horas al día y a que los servicios fueran de un máximo de 15 minutos

Los agentes corroboraron que dos de las víctimas fueron agredidas sexualmente por parte del cabecilla de la banda, que las tenía atemorizadas. No se las permitía, ni siquiera, hablar entre ellas, eran controladas y amedrentadas por los «chulos». Además, las tenían «secuestradas» en un piso de las inmediaciones, durmiendo en colchones tirados en el suelo; una de las prostitutas era la cancerbera de la organización, que apenas se sepabara unos metros de las muchachas. No les quitaba ojo y así comprobaba que no incumplieran las normas impuestas por la mafia. Por ejemplo: si eran identificadas por la Policía, les tenían que decir que estaban allí voluntariamente. Y ni una palabra de dónde vivían.

Cuando empezaran y terminaran cada servicio, debían informar a los cabecillas mediante una llamada al móvil, indicándoles, asimismo, el dinero obtenido. Para asegurarse de que las chicas no les «timaban», los proxenetas llegaban a cachearlas e incluso las obligaban a descalzarse.

Blanqueo de capitales

El operativo policial se desarrolló en Madrid, donde se detuvo a cinco de los cuatro acusados;el otro cayó en Rumanía. En el registro practicado en la capital de España, los agentes se incautaron de diversa documentación incriminatoria, varios teléfonos móviles y 5.470 euros en efectivo.

La organización iba un paso más allá que lo habitual en este tipo de mafias. Contaban con un entramado de blanqueo de capitales en Rumanía, hasta donde enviaban el dinero a través de empresas de mensajería. Allí compraban propiedades inmobiliarias a costa del sufrimiento de las esclavas.