«Este Cristo tiene para todos»

«Este Cristo tiene para todos»

MARÍA ISABEL SERRANO | MADRID
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Con ésta serán 36 las veces que Manuela Sevilla es la primera en besar los pies al Cristo de Medinaceli el primer viernes de cada mes de marzo. Lleva una semana haciendo cola y, seguramente, uno de sus tres deseos será pedir salud para volver al año que viene y, claro está, seguir siendo la que abra el «besapies» con más tradición de España. Junto a ella, sus ya amigas Encarna, Francisca y Dolores. En el recuerdo, alguna compañera de fila que ya ha fallecido. Casi todas pasan de los setenta años de edad.

Esta noche, en cuando den las doce y comience la jornada del viernes, ellas habrán dejado atrás siete días y siete noches de espera. De frío y lluvia, que ha habido. De cajas de cartón para cobijarse los pies y de mantas para mantener sus cuerpos calientes. Entrarán en la basílica de los Franciscanos Capuchinos, en el número 2 de la plaza de Jesús, abriendo un cortejo de más de medio millón de personas que son las que se espera pasen por este templo a lo largo de todo el viernes para rendir culto a la imagen.

Pedir y dar las gracias

La basílica estará abierta desde las doce de la noche del jueves hasta la madrugada del sábado. Mañana viernes, por la mañana y como manda la tradición, un miembro de la Familia Real acudirá también a besar los pies al Cristo. Este año irá la Infanta Elena. Por la tarde, la misa de ocho será oficiada por el arzobispo de Madrid, monseñor Rouco Varela.

Ayer por la tarde, todas estas mujeres también combatían el frío a base de chascarrillos y buen humor. En sus sillas, pegadas a la pared todo lo que se podía en un intento vano de burlar las corrientes de aire, los corrillos estaban muy animados.

Manuela, la «number one», estaba pletórica. Sus 73 años no la impiden mostrar una fortaleza de carácter envidiable. «Mira hija, vengo los primeros viernes de cada mes de marzo desde que tenía 37 años. Calcula. Pido salud para seguir viniendo... Y otras cosas que son personales. Casi todo se me ha cumplido. A este Cristo le traigo «mareaito» pero es muy bueno. Si no nos concede algo, sus razones tendrá».

De pie, manejando el cotarro, está Encarna Fernández. Es la segunda de la cola. Tiene 56 años y viene desde Villaluenga de la Sagra, en Toledo. También guarda fila desde el pasado miércoles. ¡De qué, si no, iba a tener ese puesto! No le duele. Está convencida de que merece la pena tanta espera. «Dormimos en la calle. Aquí, en las sillas, bien arropadas. Con tanta devoción se puede, vaya si se puede. Este Cristo tiene para todos», asegura Encarna.

La tercera es Belén. Más joven que el resto. Tiene fiebre de un enfriamiento, pero aguanta. «Estoy aquí por mi hija. Me dijeron que se moría y está viva. Quiero dar las gracias. Pedir, pediré para que mi marido encuentre trabajo porque ya tiene una depresión enorme y le hemos pillado queriéndose tirar por el balcón».

Francisca Valero es la cuarta. 73 años y una expresión muy dulce. Con voz entrecortada nos cuenta que su marido ha muerto pero que ella mantiene la tradición, si cabe, con más fuerza y devoción. «A mi hija -nos explica- le quitaron un pecho. Nos dijeron que se moría. Y ahí está. No pararé de dar gracias al Cristo».

Del camarín a ras de suelo

Dolores Monterrubio tiene el número 16 pero su caso es especial. Ella acompañaba a su madre, Maravillas, que era de las primeritas también en la fila. Su madre murió y Dolores va a mantener la costumbre de besar los pies a la imagen el primer viernes de cada mes de marzo. Ayer le importaba bien poco estar, como estaba, recién operada de las vértebras cervicales y con varias placas de titanio entre sus huesos.

El «besapies» del primer viernes de marzo atrae a miles de peregrinos de toda España.Es una cita especial. En realidad, todos los viernes se besa al Cristo, pero en un solo pie. Se hace en el camarín, a lo alto de la nave central.

El primer viernes de marzo la devoción se desborda. Los fieles pueden besar los dos pies del Nazareno una vez que éste ha sido trasladado desde su camerín a ras del suelo, en el centro justo del templo.