Estadios llenos, salas vacías
Kylie Minogue, a su paso por Madrid en 2008 / DANIEL G. LÓPEZ

Estadios llenos, salas vacías

Las grandes giras vuelven a la capital. Metallica, Madonna, AC/DC o Depeche Mode la incluyen en sus fechas. Sin embargo, al tiempo que las leyendas restan importancia a Madrid, las salas pequeñas pierden mercado a marchas forzadas.

Por DAVID CALLEJO | MADRID
Actualizado:

Los estadios de la capital se vuelven a llenar. Después de un tiempo en el que las grandes giras se olvidaban de Madrid, este verano los miles de vatios de luz y sonido regresan a los grandes recintos. Pero, naturalmente, este renovado esplendor se cobra un precio.

Por un lado, el de las entradas, tangible y doloroso (las de Metallica de ayer y esta noche, entre 50 y 60 euros; las de Madonna del 23 de julio, un paso más allá: entre 80 y 130 euros). Por otro, todo este despliegue de organización y grandes campañas publicitarias conlleva la reducción de los circuitos de conciertos en pequeñas salas.

El motivo es muy claro: la recaudación. Los viejos «rockeros» como AC/DC, que pasaron en abril y en junio por Madrid, los eléctricos Pet Shop Boys, que la semana pasada convencieron en Vistalegre, o los renacidos Eagles, que actúan el próximo martes, arrastran a miles de personas con cada nota de sus guitarras. Pueden llenar estadios sin despeinarse. A veces, repitiendo (Metallica hoy martes o Depeche Mode el 16 y 17 de noviembre).

Como en muchas ocasiones, el negocio es el que manda. Las ingentes cantidades de dinero que las promotoras invierten en estos grupos se ven rápidamente recuperadas: desde el merchandising hasta la bebida, la recaudación no es comparable con la que se alcanza en salas menores (en tamaño, que no en calidad) como Galileo Galilei o Gruta 77. Dos casos de precios que oscilan poco en torno a los diez euros y con aforos que no superan las 250 plazas. Y con mejor acústica.

Además, muchos de los artistas que frecuentan estas salas están «condenados» a repetir su espectáculo semana sí y semana no en el mismo escenario. No se renuevan los carteles, por mucho que la música tenga algo que decir. Y es que se rentabiliza mucho más a un Leonard Cohen en el Palacio de los Deportes (el 12 de septiembre) que en un pequeño e íntimo tablón de madera, a priori más adecuado para su estilo musical. Eso sin contar, claro está, con las quejas por el sonido poco claro del recinto deportivo.

Madrid ya no es «la capital»

Sin embargo, una cosa queda clara: Madrid ya no es condición «sine qua non» para aterrizar con los instrumentos en España. Se podría decir que ha perdido la «capitalidad» en lo que a grandes directos se refiere. Algunas de las giras más esperadas de los últimos años han obviado la capital. Hace un año, por ejemplo, Tom Waits visitaba por primera vez «la piel de toro» en San Sebastián y Barcelona, sin ni siquiera tener unas palabras de ánimo para Madrid.

The Police se volvían a reunir en 2007, dos décadas después de su separación, para recorrer el mundo y recalar en Barcelona. Aunque luego rectificaron para visitar Valencia, Bilbao y sí, Madrid, pero la Comunidad (en el Rock in Rio en Arganda del Rey). De nuevo, la capital olvidada.

Una tendencia que continúa, aunque ahora sea a la baja, con los casos de U2 y Bruce Springsteen. Los irlandeses, en su macro-concierto de finales de junio, no pasaron de la ciudad condal. Eso sí, el cartel permaneció dos días. Por su parte, el de New Jersey rodeará el centro peninsular para no dejarse ver por Madrid: Bilbao, Sevilla, Benidorm, Valladolid y Santiago.

Pero si bien es cierto que Madrid empieza perder «caché» como «marca» para los grandes grupos, en favor por supuesto del mejor postor, también es acertada una visión algo menos centralista del panorama musical. La capital pierde protagonismo, pero en favor de otras poblaciones infinitamente más desconocidas a millones de kilómetros de España (como ocurrió, por ejemplo, con los Rolling Stones y su visita a El Ejido almeriense en 2007, tras suspender la del año anterior).

En cualquier caso, la musica no será distinta según la ciudad en la que se escuche. Pero sí en caso de que el recinto mude. La elección, en última instancia, pasa por el público.