«¡Esta plaza es una ruina!»
Un agente de Movilidad controla el tráfico ayer al mediodía en el cruce entre Génova y Castellana

«¡Esta plaza es una ruina!»

CATALINA OQUENDO B. | MADRID
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Es mediodía y lo único tranquilo en la nueva plaza de Colón es la estatua del Descubridor. A su alrededor reina el descontento y las quejas por el tráfico. A casi tres meses del traslado del monumento al centro de la plaza, la percepción de conductores y ciudadanos no deja bien parado el cambio en uno de los cruces más concurridos de la capital, por el que circulan 120.000 vehículos al día.

Desde una esquina, entre Génova y Paseo de Recoletos, Carlos Fuentes, un vendedor de flores, no sólo observa cada día más atascos, sino también el riesgo al que se enfrentan los peatones, que se quejan, siempre, por la falta de señalización de los pasos peatonales. «Hay muchos accidentes en este sitio. Esta mañana, por ejemplo, hubo uno. Gracias a Dios no ha habido ningún atropello grave pero sí hay choques porque este semáforo está muy mal regulado», dice el florista, con seis años de trabajo a sus espaldas en este mismo lugar.

Confusión

Carlos Fuentes llega a lanzar una premonición: de momento los accidentes no revisten gravedad, pero pueden complicarse dada la intensidad del tráfico. El comerciante se refiere al paso peatonal frente al Museo de Cera, trasladado unos metros más cerca de la rotonda y que tiene confundidos a algunos peatones: «La gente caminaba bien por la anterior ubicación, pero ahora lo han movido y hay coches que no lo respetan».

Alicia Armezú es una de las peatones confundidas. Ha cruzado la calle lejos del nuevo paso, a las bravas, y admite su error pero se excusa por la falta de señalización. «No me gusta el cambio. Lo han despersonalizado todo. Además, acabo de perder mi autobús y no sé cuánto más tardará en pasar», dice la señora.

La pérdida de tiempo es una de las quejas más persistentes entre los conductores que tienen que cruzar por este punto. «La reforma nos ha perjudicado. Ahora gasto más tiempo al atravesar la plaza desde cualquier punto, sea el que sea. El más complejo es desembocar en la plaza desde la calle de Génova, pero también circular por Castellana viniendo desde Marañón», asegura un taxista, uno de los gremios más críticos con la nueva ordenación del tráfico.

Otro conductor le pone tiempo, con precisión, a lo que le cuesta de más cruzar. Son entre 4 y 5 minutos más en su recorrido. Eso sí, todos advierten de que, en función de la hora, la dilación todavía puede ser superior. Y también existe una queja más que generalizada: el hecho de que ahora ya no pueda circularse en línea recta por todo el eje Castellana-Recoletos. La maniobra que hay que hacer para rodear la estatua entorpece la circulación todavía más.

Cinco agentes de movilidad

Ayer, con buen tiempo y sin mucha intensidad en la circulación, eran necesarios cinco agentes de movilidad, distribuidos en cada esquina de la plaza, para controlar y canalizar con fluidez el tráfico. Pero no faltaban bocinazos y gritos. Por ejemplo, los que se lanzaban un conductor de un turismo y un motero, ambos quejándose de que la reducción de los carriles les impide circular con facilidad. «En moto no se siente el atasco pero tenemos menos espacio», explica José Antonio Salgado, un jardinero que todos los días va en su vehículo de dos ruedas hasta Colón.

Los profesionales de la distribución tampoco están contentos. Es el caso de Juan Antonio Gómez, conductor de una furgoneta que transporta bebidas y alimentos. En la acera que lleva desde Goya a la nueva plaza (un lugar en el que se mueven 32.900 coches al día), Juan Antonio se quejaba porque el cambio ha dejado todo «igual o peor». «Todos los días atravieso la plaza -aseguraba el transportista-. A veces está todo atascado desde la calle de Alcalá y para mi trabajo es importante llegar a tiempo», asegura.

Pero no sólo el tráfico se ha convertido en objeto de polémica y controversia. También la imagen del Descubridor, ahora que ha dejado el lateral de la Biblioteca Nacional y ha pasado al centro. Las voces a favor son escasas.

Una de las pocas opiniones en positivo viene de uno de los obreros que trabaja en la construcción de los aparcamientos de Serrano: «Yo sí creo que Colón debe estar donde está ahora. El problema del tráfico es sólo a unas horas. Entre las ocho y las nueve de la mañana y a las cuatro de la tarde. Nada más».

El Ayuntamiento espera que las críticas se reduzcan en poco tiempo, en cuanto los conductores se habitúen a la nueva plaza. Pero el tiempo empieza a desmentirle.