Dormir en la torre de babel
Varios jóvenes, de distintas nacionalidades, compartían ayer la sala multimedia del albergue municipal madrileño | IGNACIO GIL

Dormir en la torre de babel

SARA MEDIALDEA | MADRID
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Ángel, el recepcionista, toma los datos por teléfono a Thomas, que está reservando plaza para alojarse unos días después. Dos chicas pecosas con cara de «guiri» miran y sonríen. Un rato después, de la recepción se ocupa otro muchacho, con marcados rasgos orientales que habla un castellano con acento indefinido. El albergue juvenil de la calle Mejía Lequerica, el único municipal en la ciudad, es lo más parecido a la Torre de Babel.

Desde que se inauguró, en el año 2007, han pasado por las instalaciones cerca de 25.000 jóvenes de todas las nacionalidades, atraídos por su céntrica situación y su diseño vanguardista. Ha recibido de hecho varios premios que lo convierten en «uno de los mejores albergues del mundo», aseguraba ayer la concejal de Servicios Sociales, Concepción Dancausa.

En sus 25 habitaciones -con entre cuatro y seis camas cada una-, hay calefacción, aire acondicionado y baño completo, además de taquillas con cerradura de seguridad. En los pasillos, llama la atención el rojo vivo de las paredes. Los cuartos se abren mediante tarjeta magnética.

Sala wi-fi

Varios carteles advierten de las normas internas: la limpieza de las habitaciones se lleva a cabo entre las 11 y las 14 horas, periodo en el que hay que desalojarlas. No se puede fumar ni beber en su interior. Eso sí, el edificio tiene una sala wi-fi que permite a los alojados conectarse con el resto del mundo las 24 horas del día, lo que sin duda ayuda a saltar los obstáculos derivados de los diferentes horarios que rigen en otras partes del mundo.

De las instalaciones -sala home cinema incluida- han disfrutado decenas de miles de usuarios. De hecho, las pernoctaciones registradas durante estos dos años superan las 63.370.

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Y todo, a unos precios más que asequibles: no llega a 19 euros por noche para los menores de 25 años, y de 24,75 para los mayores de 26, incluido el desayuno. Como el centro no ha estado nunca lleno al cien por cien, explicó Dancausa, las autoridades municipales no se plantean abrir ningún otro. De hecho, existen otros cuatro en la ciudad, abiertos por la Comunidad de Madrid: el de la calle Richard Schirrmann, en plena Casa de Campo; el de Santa Cruz de Marcenado, también muy céntrico; y el situado en la avenida de los Fueros, en pleno barrio de San Fermín.

El albergue municipal se sitúa sobre unas antiguas dependencias en desuso, que hubo que restaurar y adaptar a su nuevo uso. En ese mismo edificio, funciona también una escuela de arte dramático y una guardería infantil.

Otra singularidad del centro es que cuenta con una sala de exposiciones, donde en breve habrá una sobre proyectos de cooperación y desarrollo. «Queremos dar información sobre las actividades municipales», explicó la edil Dancausa.

A los usuarios, sin embargo, no es lo que más les interesa, a juzgar por sus frases de despedida en el libro de firmas: muchas alabanzas a la limpieza y buen trato recibido, a la belleza de Madrid, y una pregunta un tanto desesperada: «¿Dónde están los bocadillos de calamares?».