Los disfraces de la cocaína

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POR C. HIDALGO

MADRID. Aeropuerto de Madrid-Barajas, una de la tarde. Un obispo, orondo, con su correspondiente hábito, se dispone a franquear la salida de la T-1. Procede de uno de los llamados «vuelos calientes», aquellos sospechosos de transportar «mulas» o «correos» de la droga. Pero el hombre, ya entrado en años, levanta las sospechas de los agentes del puesto fronterizo. No se equivocan. Es llamado a acercarse a las dependencias de la Agencia Tributaria: lleva una partida de cocaína entre los falsos ropajes.

Ésta es una argucia más de las utilizadas por las bandas de narcos, normalmente de Iberoamérica, para introducir droga en nuestro país. La Policía Nacional habla de que que, al año, sólo en cocaína, se intercepta una tonelada en el aeropuerto madrileño. Por no hablar de lo que se cuela.

Peligro de muerte

Esta misma semana, la Policía interceptó en El Altet (Alicante) a dos colombianos con lo nunca visto en «mulas»: portaban dentro del estómago varios preservativos con cocaína líquida. «Por un lado, es más complicado detectarlo con los rayos X, pero también más peligroso para ellos, porque la droga suele venir envuelta; así, los jugos del estómago pueden romper el condón en las ocho horas de viaje». Y acabar muerto.

Lo más normal, indican nuestras fuentes, es que se utilicen objetos extraños. Por ejemplo, piernas ortopédicas, muletas, sillas de ruedas... «Hemos encontrado cajas de cartón en cuyos orificios había cañitas de beber con droga». Pero el no va más fueron unos limones hechos de cocaína. «Nadie podría decir de lo que en realidad se trataba. Lo mismo ocurrió con unos granos de café, que no eran más que droga, pero olían a verdadero café». Los aeropuertos están muy controlados, por lo que, muchas veces, es más fácil no jugarse el pellejo. Y encalomarle el marrón a niños o a adultos, generalmente colombianos y ancianos a los que les hace especial ilusión viajar a España. «Les pagan 2.000 o 3.000 euros por el viaje. Un matrimonio traía una piedra antigua, con su escudo y todo, de recuerdo. La rompías y en realidad era cocaína».

Instrumentos musicales, zapatillas, generadores eléctricos, los famosos plátanos, muebles, vajillas, cajas de gambas congeladas, objetos sagrados, carritos de bebé, tabletas de turrón, calzoncillos o, incluso, perros a los que les han abierto el estómago a modo de «hatillo», les meten las bellotas y luego lo cosen.