EL DELEGADO

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Lo cuenta Sainz Rodríguez en sus memorias: «Cuando vino la República, recuerdo la reacción de Julio Camba. Cuando el Comité Revolucionario pasó a ser Gobierno Provisional, hubo una reunión en el Ministerio de la Gobernación a la que asistía todo el mundo; era una especie de puerta abierta y Camba entró allí a ver lo que pasaba. Estaba reunido el Gobierno Provisional y la gente esperaba, ansiosa, las decisiones. Apareció un funcionario y declaró que el gobierno acababa de tomar el importante acuerdo de nombrar fiscal de la República a Ángel Galarza. Como Camba conocía muy bien a Galarza, el periodista de «La Voz» que hacía la sección municipal, y esto unido a que el propio Galarza era un tipo petulante y nada simpático, hizo que, cuando se anunció aquel nombramiento como el primer gran acuerdo que la República acababa de tomar para salvar a España, Camba se levantase y saliera a la calle diciendo: «Esto es una m... de República, y si todo lo que se les ha ocurrido es nombrar a ese (...) de Galarza para un puesto de responsabilidad, sabe Dios las tonterías que van a hacer y lo que nos espera».» Lo mismo que Camba pensó de Galarza y de la República pensamos muchos del zapaterismo y su delegado en Madrid. El zapaterismo es como el bolivarismo, sólo que en vez de dejar una silla vacía para Bolívar la deja para el abuelo del Presidente. Como su representante en Madrid, el zapaterismo escogió a un gallego de Pontecesures que, a pesar de su cuello largo, parecía incapaz de encontrar una oración en la Biblia, pero que redactó un Libro Blanco del «Prestige» donde hacía una feroz defensa política de sus ideas y sus percebes. Ya en Madrid, en la primera manifestación de víctimas del terrorismo arrestó ilegalmente a dos manifestantes. En la última hizo algo peor: redujo un millón y medio de manifestantes a cien mil -siempre tendrá la excusa de haber estado un porrón de años acogido por la Once-, y eso, en una manifestación así, ya no es insultar a la inteligencia de los vivos, sino a la memoria de los muertos. Ya sabemos que el zapaterismo, o su silla vacía, en las cosas del terrorismo no quieren vencedores ni vencidos. Démosles la razón. En las cosas del terrorismo sólo hay vivos y muertos.

IGNACIO RUIZ QUINTANO