LAS CRECIDAS

POR CARLOS LÓPEZ BUSTOS/
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Hace un tiempo escribí en estas mismas columnas sobre el cercano «septiembre que se tiembla». Recientemente hubo el mismo día dos tormentas, una en Madrid sin graves consecuencias y otra trágica en tierras de Ávila. Esta segunda tuvo especial violencia en las cuencas de los arroyos Los Ciervos y Gaznata. El primero, tributario del río Voltoya afluente del Eresma, y por lo tanto de la cuenca del Duero, y el segundo, tributario del Alberche en la del Tajo. Si bien el desbordamiento de éste no causó víctimas humanas, sí ocasionó grandes daños materiales en el pueblo de El Herradón, próximo a la estación del ferrocarril «La Cañada» que quedó casi destruido con algunas viviendas medio enterradas en el fango. Algo recordaba haber leído sobre dicho arroyo en el libro de tres tomos, publicado en 1933, por el Ministerio de Obras Públicas (Centro de Estudios Hidrográficos) sobre el Plan Nacional de Obras Hidráulicas de la Segunda República. El arroyo denominado Gaznata, confluye con el Alberche en el embalse del Burguillo y pasa atravesando el barranco donde se encuentra establecido el pueblo del Herradón y es notable por su caudal, pues recibe las aguas de otros muchos arroyos que sería largo enumerar y de varias fuentes de aguas muy finas entre ellas la de las Pilas que da nombre al puerto por el que pasa el ferrocarril que atraviesa la sierra. Por lo cerrado de su cuenca durante las tormentas acumula grandes cantidades de agua y, esto unido a que el suelo está constituido por detritus silíceos de las rocas y a que la vegetación es escasa, hace que constituyan un serio peligro para el pueblo del Herradón, amenazado constantemente de ser arrastrado por la violencia de la corriente, como ocurrió en diversas ocasiones y últimamente en el año 1927. Han pasado muchos años. No sé tampoco si se han tomado medidas. Pero lo cierto es que, en 1999, de nuevo el desastre. En Meteorología nunca se tiene la seguridad de que los fenómenos no vuelvan a repetirse y es preciso tomar todas las medidas necesarias para paliar sus efectos.