Dos capos de una de las mafias georgianas - ABC / Vídeo: Las operaciones de la Policía contra la mafia georgiana han sido frecuentes, la última se saldó con medio centenar de detenidos

Crecen los robos en viviendas: la Policía alerta del auge de las mafias georgianas, que suman 200 integrantes

Hay 50 células itinerantes, que cometen el 60% de estos delitos y utilizan a heroinómanos como «machacas».

MADRIDActualizado:

Cada día se denuncia una media de 37,4 robos con fuerza en viviendas en la Comunidad de Madrid. Un total de 3.374 en toda la región durante los tres primeros meses del año, según la estadística oficial y más reciente del Ministerio del Interior. La gran parte, alrededor de un 60%, son cometidos por las mafias georgianas, las más especializadas y voraces en este tipo delictivo, uno de los que más preocupa a la ciudadanía. Con la llegada del verano, la cifra, pronostican los expertos, irá en aumento.

Aunque referirse a grupos y miembros concretos es muy complicado, los expertos policiales hablan de alrededor de cincuenta células, compuestas cada una por al menos cuatro miembros, lo que supondría un total de 200 ladrones en activo. Entre enero y marzo el crecimiento de estos robos ha sido del 5,9%, y eso que está en marcha desde hace tiempo el llamado plan Domus. «Pero lo cierto es que hay un repunte importante, no solo en Madrid, sino en España y otros países europeos como Francia y Portugal», explica un mando policial.

Porque este creciente fenómeno tiene una característica que lo hace más complicado aún: la altísima capacidad de movilidad geográfica de sus miembros. «Georgia es un país en una situación muy difícil, en la que existe una enorme influencia de la heroína. Por ello, las mafias contratan a muchos toxicómanos para que entren en los pisos», añade. Son lo que se conoce en el argot como los «machacas» de los «vor», o jefes de los clanes.

El control de los «vor»

Realmente, el «vor» en estos niveles de la delincuencia no es el capo principal, como en las mafias rusas; puede ser el cabecilla del grupo y tener un «medio trabajo» legal, como vigilante de seguridad, estar casado y vivir con sus hijos en un barrio de clase media. Estas organizaciones funcionan por el método del «apadrinamiento»: «Roban bajo la protección de alguien, que es quien les paga, desde su país de origen o Rusia, donde hay mucha comunidad georgiana. Van tejiendo una red de personas de confianza que son las que utilizan para los robos. Incluso se repasan cursos de cerrajería y sobre cómo reventar un bombín, por el método del “ bumping”, que es la marca de la casa de estos grupos delictivos», añaden fuentes policiales.

Otras características que los diferencian de los rumanos, chilenos y colombianos es su férrea estructura jerárquica; que se aprovechan de mujeres compatriotas que trabajan como empleadas del hogar en Madrid para vivir con ellas; que tienen como puntos de reunión la iglesia ortodoxa de Georgia (son muy religiosos) y Madrid Río; y que se relacionan por vínculos regionales de su país natal, además de la mencionada movilidad geográfica.

La «querencia» de estas mafias por operar en nuestro país es muy clara: «Para nosotros, es muy cómodo robar en España», llegan a reconocer ante la Policía, habida cuenta de los obstáculos con los que cuentan los investigadores en el entramado jurídico y burocrático que tanto caracteriza a nuestro sistema. «Su paso por las cárceles es mínimo. Las distintas causas que se les abren se dispersan por diferentes juzgados y acaban siendo sobreseídas», se quejan los investigadores.

Aun así, es España el país que más está pegando a las mafias georgianas. Las últimas detenciones se han llevado a cabo hace apenas unos días, en la bautizada como operación Taka. Se trata de cuatro georgianos que perpetraban robos en casas de Madrid y Cataluña. Se hospedaban en un hostal de la calle de la Palma, frente al mítico bar Pentagrama, en Malasaña.

La «banda del Penta»

La Sección de Europa del Este de la UDEV Central, junto a la Brigada de Policía Judicial de Madrid, los detuvo en la calle de Fuencarral, cuando acababan de salir a la calle. Conocidos como la «banda del Penta», tienen entre 23 y 32 años. En el cacheo practicado les hallaron varios relojes de importante valor.

Las decenas de millones de euros que estos grupos sacan acaban en su país de origen. Una parte va a la «obshcak» o caja común, un fondo para ayudar, por ejemplo, a los que acaban en la cárcel.

Pero los verdaderos capos invierten en hoteles en Rusia o Georgia y en bloques de viviendas, según ha trascendido de las investigaciones patrimoniales realizadas.