EL CONTABLE

IGNACIO RUIZ QUINTANO
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No sabemos si se llama Angelito Méndez o Constantino Galarza, pero la politiquilla -tirar de la chaqueta de los que mandan- le da de comer y él, en agradecimiento, sirve a la politiquilla falseando las cuentas. Hablamos del contable oficial que hay en Madrid para el ramo de la manifestación callejera, y no sabemos si se llama Angelito Méndez o Constatino Galarza. El sábado tuvo los santos huevos de dejar una manifestación de un millón largo de personas en ciento sesenta y seis mil. Rodeado de expertos telesforos, rodolfos y robustianos, el contable llegó a la conclusión de que en el espacio que hay entre la Puerta del Sol y la Puerta de Alcalá apenas cabe un Bernabéu y medio. Este hombre, que cursó estudios de Derecho en Santiago, hubiera sido un abogado de copete con esa habilidad suya para cambiar el garbanzo de vaso: una condena de tres mil años la habría dejado en dieciocho, como ocurre con las de los "insurgentes" vascos. Sin embargo, prefieren tenerlo de contable, y no en el partido, claro, sino en la Delegación del Gobierno. Igual que el fatigado Alcibíades le cortó el rabo a su fatigado perro para que se hablara de él en las plazas de Atenas, el contable de Pontecesures le corta los ceros a los manifestantes para que se hable de él en los periódicos, lo cual es una cosa la mar de pontevedresa. Estando de corresponsal de guerra, Camba quitaba ceros a las cifras de muertos como método de presión a su periódico, que no le había enviado a tiempo el cheque. Si los lectores leían menos muertos en su periódico que en el de la competencia, se pasaban al de la competencia. Los corresponsales lo sabían, y con un simple y artero manejo de los ceros obraban la puntualidad en el reparto de los cheques. Algo parecido ocurre con el contable, a cuyos jefecillos no les interesan las manifestaciones con muchos ceros. ¿Es un hombre malo el contable? Quienes lo frecuentan y conocen no utilizan ese adjetivo, precisamente. "Las que veis son todas sus luces", vienen a decir del ex alumno de Santiago, fecunda en eminencias, como, por ejemplo, la de Pepiño Blanco, el que puede, puesto que quiere, ser ministro.