Ermita de Santiago, en Gargantilla del Lozoya
Ermita de Santiago, en Gargantilla del Lozoya - GUILLERMO NAVARRO

La Comunidad declara BIC el sitio histórico de Santiago

En su ermita, en Gargantilla del Lozoya, se rompió el Pacto de los Toros de Guisando, que desembocó en la guerra sucesoria entre Isabel la Católica y su sobrina Juana de Castilla

MADRIDActualizado:

A 90 kilómetros del paisaje sonoro de la Puerta del Sol, solo se escucha el silbido del viento azotando la espadaña de la Ermita de Santiago. Permanece en pie desafiando al tiempo y al crudo clima que maltrata las piedras a los pies de la Sierra de Guadarrama. Lo hace, para orgullo de Gargantilla del Lozoya, después de que el pasado 14 de septiembre la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid incoara la declaración de sus restos y el entorno que ocupa como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Sitio Histórico. Desangelado en mitad de la nada, el pequeño cementerio de este pueblo de poco más de 300 habitantes hace llegar al hombre hasta un lugar que decidió abandonar antes del siglo XVIII. Son los únicos vestigios de la heredad de Santiago que quedan en pie del núcleo que vivió allí a finales de la Edad Media, atraído por los ricos pastos para su ganado. La tierra, como hoy, no era capaz de producir otra cosa.

Desconocidos, incluso para muchos de sus vecinos, los hechos que ocurrieron en este paraje son clave para comprender la Historia de España desde tiempos de Isabel la Católica. Cuesta imaginar que en este llano se convocara a la corte al completo del rey Enrique IV –al que sus enemigos pusieron el sobrenombre de «El Impotente»– para reunirse con una comitiva francesa en representación del Duque de Guyena, encabezada por el cardenal Albi y el conde de Bolonia. El objetivo de aquel encuentro fue romper el Tratado de los Toros de Guisando y escenificar la reprobación de Isabel I como princesa y heredera del reino de Castilla y la restitución de los derechos sucesorios de su sobrina Juana –a la que los mismos enemigos de su padre llamaban la «Beltraneja»–. Allí se firmaron también las capitulaciones de boda de la princesa Juana con en el duque francés, que apenas tuvieron importancia histórica, ya que su fallecimiento, dos años después, dejó sin efecto este contrato matrimonial. Todo ocurrió el 26 de octubre de 1470 y fue el detonante, tras la muerte del rey en 1474, de una guerra civil que acabaría con el enlace entre los Reyes Católicos y la unión dinástica de Castilla y Aragón.

Escenario para la Historia

Argumentada la importancia del lugar, el consejero de Cultura, Turismo y Deportes, Jaime de los Santos, considera justificada su inclusión en el catálogo de bienes protegidos de la región. «Es la primera vez en esta legislatura que se declara un Bien de Interés Cultural en su categoría de Sitio Histórico», explica a ABC. «Creemos que, además de proteger monumentos y edificios como una manera de preservar el patrimonio común, teníamos la responsabilidad de reconocer lugares que, como la Ermita de Santiago, en Gargantilla, fueron escenarios en los que se forjó la historia de España», apunta. «Estamos seguros de que serán muchos los madrileños y visitantes que a partir de ahora quieran acercarse a conocer este lugar y eso, sin duda, fomentará el turismo e incluso la economía de esta tan bella zona del noroeste de la Comunidad», concluye.

Aunque nada hace desdeñar el encanto de los restos que se mantienen en pie, la Ermita de Santiago es una construcción modesta de carácter rural de época bajomedieval. Según consta en el expediente de incoación BIC, la datación del edificio no es sencilla. No existen fuentes documentales anteriores a 1470 en las que se hable del templo; pero los expertos consideran que la primera fase de construcción podría situarse entre finales del siglo XIII y principios del siglo XV, teniendo en cuenta el proceso repoblador en la zona y su relación estilística con otras iglesias cercanas.

El primer documento en el que se cita el lugar de Santiago es una cédula emitida por el rey Enrique IV de Trastámara y Juana de Portugal en 1470. Los historiadores también han encontrado un documento fechado en 1492 que constituye el inventario de los bienes de los judíos de la Tierra de Buitrago al ser expulsados de Castilla. En él se indica que «el judío Mosé de Cuéllar heredó de su padre hacia 1390 algunas propiedades en el término de Santiago, que amplió después comprando otras fincas en Pinilla, Navarredonda, Torrelaguna, formando una amplia heredad atravesada por el río Lozoya y el arroyo de Santiago, además de siete prados cerrados de piedra que producían pastos y varios prados abiertos». Ese inventario describe como llegó a haber tres casas para pastores y quinteros, y un lavadero de lanas que «atendía también a otros judíos de la región».

En el interior de la ermita se conservan, a modo de catálogo, distintos enlucidos y revocos que son muestra de las diferentes épocas en las que estuvo en uso. En él destacan unas pinturas geométricas de color rojo que podrían datarse en el siglo XVI.