Día Mundial del Agua 2017

Cómo saca Madrid «oro» de las aguas residuales

El Canal de Isabel II convierte sus depuradoras en minas urbanas de las que extrae combustibles y fertilizantes

MADRIDActualizado:

La Comunidad de Madrid ha declarado la guerra al concepto «usar y tirar». Una idea intrínsecamente asociada al consumo doméstico de agua que, para alivio del medio ambiente, ha cambiado en los últimos años. Así lo explica a ABC el Canal de Isabel II Gestión con motivo del Día Mundial del Agua. Una cita, que se celebra cada 22 de marzo para concienciar sobre el uso responsable de este recurso escaso, dedicada este año a las aguas residuales.

El agua contaminada que se va por los sumideros de los hogares –también de las industrias y de las alcantarillas de las calles– tiene más vidas. Cada una de sus gotas esconde un posible uso secundario, un nuevo producto resultante de su tratamiento en las estaciones de la región. Unas instalaciones que se han convertido en «minas urbanas» de las que –además de agua regenerada, electricidad y calor–, la empresa pública consigue extraer combustibles, carburantes, fertilizantes o compost.

«Lo que ha hecho Madrid es apostar por la economía circular que viene defendiendo Agencia Europea de Medio Ambiente. Los residuos biodegradables no son la etapa final de la vida del agua», explica a ABC Miguel Ángel Gálvez, subdirector de Depuración de la empresa madrileña. «En las depuradoras se ha superado el principio de “usar y tirar”, practicando de manera creciente la “r” de reducir residuos, la de reciclar y la de reutilizar», asegura. En las 157 depuradoras de las que dispone la región se han introducido distintas tecnologías que permiten aprovechar y dar nuevos usos a esos residuos. Algunos de ellos tan preciados como el fósforo, cuya transformación controlada en estruvita, ha convertido a Madrid en el principal productor de este fertilizante considerado como «oro blanco».

«Se le llama así por su alto valor, por su importancia como elemento indispensable para la vida. No es renovable y es insustituible. No se puede fabricar sintéticamente y Estados Unidos y China ya han empezado a restringir su exportación. Las funciones que ejerce no pueden ser realizadas por ningún otro nutriente y se requiere un adecuado suplemento de fósforo para que las plantas crezcan y produzcan frutos de forma óptima», destaca este experto en depuración.

El Canal de Isabel II cuenta con la mayor planta de producción de estruvita en España. Está localizada en la depuradora sur, entre Madrid y Getafe. Para obtenerla es necesario que las aguas residuales que cada día se generan en los municipios sean conducidas hasta las plantas de tratamiento a través de 14.841 kilómetros de redes de alcantarillado. Parte de ellas, tras ser sometidas a complejos procesos, permiten ser devueltas a los cauces de los ríos en las condiciones optimas para ello. Así, los fangos que concentran la contaminación retirada del agua residual son tratados en grandes «digestores».

Autoabastecimiento al 80%

De ellos sale otro de los productos clave de estos «yacimientos urbanos»: el biogás. «Se trata de una energía renovable y muy versátil», asegura el subdirector de Depuración. De él se puede obtener calor, electricidad o carburantes para vehículos. «Esta última, es la línea de futuro sobre la que estamos trabajando», matiza.

Según los datos de la empresa pública, sus plantas produjeron más de 52 millones de metros cúbicos de biogás durante 2016. Con ellos, además de producir calor se han logrado generar hasta 90 millones de kWh durante todo el año pasado. Una cantidad de energía equivalente a satisfacer el consumo eléctrico de una población de más de 70.000 habitantes como, por ejemplo, Majadahonda o Villalba.

«Gracias a esta política de sacar provecho a las aguas residuales logramos llegar a cotas de hasta el 80% de autoabastecimiento eléctrico de la empresa. Una cifra nada desdeñable, ya que el Canal de Isabel II es la empresa que mayor potencia eléctrica tiene contratada de toda la Comunidad de Madrid», apunta. A ello, se suma un importante beneficio medio ambiental: «Ha permitido ahorrar unas emisiones de más de 24 millones de kilogramos de CO2».

Abono de libre disposición

El último residuo que queda, el lodo deshidratado obtenido de esos «digestores», tiene también un importante cometido. Su contenido en nitrógeno –hasta un 5%– y fósforo es muy beneficioso para los suelos agrícolas. «Se comportan como una enmienda orgánica que fertiliza y mejora la estructura del suelo», explica Gálvez.

El tratamiento secundario de ese lodo deshidratado se produce en la unidad de compostaje que el Canal tiene en Loeches. Allí, incorporando la poda de algunos de los municipios de la región, es transformado en compost con una producción anual de 2,5 millones de kilogramos. «Este compost se pone a libre disposición de los agricultores e, incluso, lo transportamos gratis hasta los campos», concluye.