El «colegio isla» de la posguerra
Alumnos en clase, en la sede de la calle Oquendo, a finales de los años cincuenta

El «colegio isla» de la posguerra

LUIS CANO | MADRID
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La aventura supuso un desafío a la educación oficial de la posguerra. En plenos años cuarenta, tres maestras crearon un reducto a la enseñanza franquista, alejado del adoctrinamiento nacional y católico. Una exposición en la Residencia de Estudiantes recuerda la experiencia del colegio Escuela, inspirado en los valores de la Institución Libre de Enseñanza.

El franquismo prohibió la actividad de la Institución y de sus centros, la Residencia de Estudiantes y el Instituto Escuela, el germen de la edad de plata de la cultura española. Tres profesoras de la última etapa, entre ellas la hija de Menéndez Pidal y una prima de José Ortega y Gasset, dieron forma al colegio Escuela en 1940 para continuar con la tradición de enseñanza en libertad, aprendizaje de los alumnos por sí mismos, interés por el deporte y el trabajo empírico.

La exposición, organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, muestra más de un centenar de piezas de valor histórico y documental. Los cuadernos y libros de fichas de los alumnos son pequeñas obras de arte. Los estudiantes estaban inmersos en una pedagogía que aborrecía los libros de texto, en favor de la interpretación propia. La muestra recoge también el interés del colegio por las marionetas y el teatro como medio para la mejor comprensión.

La aventura, sin embargo, no era ajena al contexto. Los primeros años de actividad y supervivencia, con menos de un centenar de alumnos, pasaron desapercibidos. En los sesenta, el franquismo dejó de tolerar sus sedes en plena capital: bachillerato en la calle Miguel Ángel y colegio en Oquendo. El colegio Escuela se instaló en 1968 a las afueras de El Pardo, donde continúa con su pedagogía.